Cada
vez me apetece hablar más de mi oscuridad y menos de mi luz. Tenemos un
grave “empacho” de luz: “Trabajo para la luz”, “yo soy luz”, “vengo a
dar luz”, “procedo de la luz”, “convertir el mundo en luz”… Pues no, un
poco más de coherencia: menos luz polarizada y basada en juicios, y más
tierra y equilibrio. Más reconocer nuestras dos polaridades, nuestras
sombras, nuestros miedos, nuestras maldades, nuestras ansiedades,
nuestra historia… Menos
perfeccionismo de Instagram y más reconocimiento de lo que somos, de lo
que llevamos dentro, de lo que nos atormenta, de lo que nos confunde…
¿Crees
que porque te hable de conciencia y crecimiento espiritual soy un
“ángel de luz”? ¿Crees que porque te hable de las Pléyades floto por el
aire? ¿Crees que estoy aquí para negar mi oscuridad o la tuya? No. Yo
estoy aquí precisamente para lo contrario: para que reconozcas tu
oscuridad, todos esos patrones que te llevan a sucumbir en las
profundidades y que son naturales en todo ser humano. Está de moda negar
y meter debajo de la alfombra la oscuridad. Y solo vas a a integrarla,
paradójicamente, cuando la saques a la luz. Y ello implica hablar de
ella, reconocerla, aceptarla, darle la bienvenida y finalmente decir:
“Sí, yo también soy esto. Y también es perfecto. Como mi pasado”. Y ahí
SÍ surge una luz más pura, más nítida, más verdadera, menos impostada…
Una luz trascendente, arraigada en el no juicio.
Recuerda:
cuanta más “luz” pretenda mostrarte el otro, más sombra escondida hay
detrás. Lo verás cumplido siempre. Por ello, cuanto más polarizado estés
hacia la “luz”, más te decepcionarán las personas. Si no reconoces tu
oscuridad y solo esperas “luz”, el más mínimo gramo de sombra percibida
en el otro te hará perder la razón… ¿Cómo vas a encontrarte con alguien
que sea solo “luz”? ¿Qué luz? ¿La luz idealizada que tienes en tu mente?
No… La clave es que reconozcas tu luz y tu oscuridad. Solo de ahí surge
el perdón, la transmutación y la paz. La auténtica y verdadera LUZ. 


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Javier López Alhambra
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