Pasa, bienvenida a tu funeral.
No
te asustes, no has muerto. Este es el funeral por la tú que ha estado
viviendo dormida, por la tú que saltaba todos los obstáculos de la
carrera sin saber a dónde iba realmente, por la tú que no podía salirse
del guión de su película, por la tú que no se atrevía a ser un regalo ni
para el mundo ni para sí misma, por la tú que no quería ver nada de
ella que no fuera luminoso y sirviera para gustar a todos.
Esa
tú, a partir de hoy, ha quedado un poco más atrás. No la has matado, ni
ha muerto. Sigue en ti, pero ha tomado el espacio que le corresponde,
para que la tú que realmente eres pueda salir. Lo del funeral era para
darle impacto porque este, en verdad, es un gran momento de luz para ti.
Y la palabra funeral tiene todo el sentido en este caso, porque viene
del latín arcaico “funis”, que significa antorcha.
Ella ha sido tu antorcha.
Mírala
con cariño. Se esforzó mucho. Sufrió mucho. Lo hizo todo pensando que
era bueno para todos. Creía que tenía sentido, claro que sí. No era
tonta, ni ignorante, ni imprudente, ni perdió el tiempo.
En
realidad, tienes todo que agradecerle. Por ella estás tú hoy aquí,
mirándola. Para que tú estés aquí hoy, ella tuvo que empezar a despertar
y empezar a hacerte espacio.
Ahora
tienes un sitio mejor, una vista mejor, ahora tienes las manos libres,
los pies libres, para correr en la dirección que quieras. Para hacer con
tu vida lo que deseas o para averiguar qué es lo que deseas, si todavía
no lo sabes.
Y
tú no eres ese ser luminoso lleno de dones, recuérdalo. Ni le has
quitado espacio a ese tú lleno de defectos y carencias y
desconocimiento, tampoco.
A ella le faltaba, únicamente, amor por ella misma.
A ella le faltaba, únicamente, verse.
Tú
y ella sois lo mismo. Este funeral es para despedirte de tu tendencia a
ver todo negro o todo blanco. A creer que eres luz y amor o a creer que
eres lo peor. A creer que puedes conseguir lo que te propongas o a
creer que nunca vas a llegar a ningún sitio.
De nuevo, toda tú eres toda tú.
Tu miedo eres tú. Compréndelo, dale su espacio para que no necesite tomarte entera.
Tu tristeza eres tú. Compréndela, dale su espacio para que no necesite tomarte entera.
Tu enfado eres tú. Compréndelo, dale su espacio para que no necesite tomarte entera.
Así tú no tendrás que hacer como hacías antes: ignorarlos o huir de ellos.
Y no tendrás que verte como te veías antes, absorbida por ellos.
Podrás tomarlos y entender que para ser un regalo para el mundo, tienes que ser tú misma. Con todo.
Que para darte tu amor a ti misma, tienes que dártelo por completo.
Que
para vivir tu película, solo puedes ser el desastre y la maravilla que
eres. Recuerda que una verdadera heroína tiene tantos defectos como
dones.
Es
cierto que cuando vivías dentro de tu jaulita y corrías tus carreras a
toda velocidad y tenías tu plan perfectamente controlado y el guión de
tu película escrito y memorizado al detalle, todo parecía más fácil.
¿Sabes lo que era? Tortura. Era como hacerte vivir en una caja estrecha
(un ataúd, sí). Como privarte del oxígeno que necesitabas para que
ardiera el fuego que llevas dentro.
Deb de OyeDeb
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