En mi opinión, esta
frase –que se me ha repetido muchas veces a lo largo de los años,
incluso cuando ya creía entender qué es esto de vivir- se nos presenta a
todos a lo largo de la vida –aunque a cada persona se le aparece con
otras palabras que reflejan el mismo desconcierto-.
Nos reclama
nuestra atención y nos exige que aclaremos el asunto porque, de vez en
cuando, en una especie de inventario personal que surge en nuestro
interior, somos conscientes de lo perdidos que estamos, del desastre de
organización que hay en nuestra vida, de la cantidad de cosas que
deberíamos resolver y no hacemos, del derroche continuo de nuestro
limitado tiempo de estancia en este mundo, y se nos presenta una leve y
no muy convencida idea de que tenemos que tomar decisiones, hacer
cambios, deshacernos de viejas cosas y reformarnos, reeducarnos, dar un
giro importante a nuestro modo de vivir… y empezar a VIVIR.
La
idea de que hay que hacer cambios está muy bien. Seguramente la habremos
copiado de alguien, o tal vez sea que por fin hemos prestado atención a
ese sabio que todos tenemos incorporado de serie al que no prestamos
mucha atención. El caso es que cuando se presenta la duda, la propuesta
de revisión, generalmente no sabemos por dónde empezar y aparece
cualquier distracción que nos evita seguir pensando en ello. Tiene que
aparecer un drama importante para que entonces sí lo tomemos en serio y
nos tomemos en serio.
No entiendo muchas cosas.
No entiendo
que aparezcan buenos propósitos en mi mente o en mi voluntad pero que
luego no haga nada por convertirlos en realidad.
No entiendo que me equivoque una y otra vez en lo mismo.
No entiendo que deje pasar mi vida sin aprovecharla cuando resulta que eso no es lo que quiero hacer.
No entiendo que mis buenos propósitos se desvanezcan tan rápidamente.
No entiendo que me encuentre estancado en el mismo punto que estaba hace unos años. Incluso creo haber dado pasos atrás.
No entiendo mi desatención a las cosas importante y que le otorgue importancia a cosas que no la tienen.
No entiendo que no me respete yo mismo.
No entiendo mi tolerancia en cosas que han de ser para mí intolerables.
No entiendo que no lea o aprenda más, que no medite más, que no
reflexione más sobre los asuntos fundamentales, que aplace continuamente
lo que debiera ser inaplazable, que soporte con indolencia mis
continuos vaivenes y que no haga lo que quiero hacer…
No entiendo
que no me enfrente definitivamente a esta incompetencia por mi parte,
que no tome decisiones firmes que realmente sean firmes, que no revise
mi escala de valores y ponga en los primeros lugares lo que ha de estar
en los primeros lugares.
No entiendo mi irresponsabilidad, mi desatención hacia mí, mi falta de compromiso.
Lo que sí entiendo es que esto no va bien, que estoy derrochando mi
vida de un modo imperdonable, que los años pasados se han ido acumulando
y considero que he perdido mucho tiempo, que esto no es lo que quiero
para mí, que si no empiezo ya a poner orden en mi vida… tendré mucho de
lo que arrepentirme después, cuando ya sea demasiado tarde y no tenga
remedio.
No sé lo que harás tú, pero yo voy a empezar a hacerlo bien.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
viernes, 20 de agosto de 2021
ME PARECE QUE NO ENTIENDO BIEN MI VIDA (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario