Buenos días, ¿que tal estáis?, yo hoy he tenido un muy buen despertar, y no se el porque ni el porque-no, pero lo importante es que me siento bien, y precisamente estuve analizando el porque siendo el mismo, teniendo lo mismo, y siendo todo prácticamente igual, unas veces me siento muy bien, otras solo regular, y en algunas otras mal.
Y para completar el análisis, he montado a la grupa de mi mente y he viajado hacia atrás en el tiempo a mi pasado, en especial durante mi etapa laboral, mi trabajo consistía en ir de casa en casa reparando teléfonos, y siempre en la misma zona, dentro del sector atendía a clientes de todos los niveles sociales y culturales, desde los más influyentes y adinerados, hasta los más humildes y de escasos recursos, y en cualquiera de los niveles, había gente feliz y gente infeliz, el ser feliz o el no serlo no dependía de la posición social o económica, eso me quedó muy claro.
A lo largo de mi vida, he pasado por etapas de escasés, y etapas de abundancia, y en todas ellas hubo momentos y días felices y otros no tan felices. Igual pasa con el tema de la edad, se puede ser feliz o infeliz siendo un niño, adolescente, maduro o anciano, la edad no es obstáculo para la felicidad o infelicidad.
También he conocido a gente muy agraciada físicamente, lo que le llamamos gente guapa, a gente normal, y a los que le llamamos los feos, por lo que tengo oído, yo estoy entre el normal y el feo, aunque a decir verdad ni el espejo ni yo estamos de acuerdo, claro que el espejo es mi amigo y yo también lo soy, es posible que haya favoritismos al respecto, la cuestión es que tampoco influye en el nivel de felicidad, yo he sido feliz casi de por siempre, y he conocido a personas muy guapas, y a otras menos guapas, y cada cual arrastraba sus problemas y niveles de felicidad e infelicidad.
Conclusión, cada uno de nosotros le ponemos un precio a nuestra felicidad, solemos decir: si yo tuviera una casa grande y bonita, sería feliz, si mi esposa o marido fuera de aquella forma, sería feliz, si tuviera mucho dinero sería feliz, si en vez de este utilitario pudiera tener aquel cochazo sería mas feliz, si en vez de medir uno sesenta de estatura, midiera uno noventa, con ojos verdes y nariz respingona seria mas feliz, si aquella persona me quisiera sería feliz, si encontrara a mi alma gemela sería feliz, etc. etc., y otra vez etc.
Siempre le estamos poniendo un precio y condiciones a nuestra felicidad, y cuando hemos conseguido lo que nos habíamos propuesto, siempre nos falta algo, y por tanto no dejamos que nuestra felicidad se nos acerque, siempre le decimos: cuando consiga esto o aquello, entonces puedes venir, y después de conseguido, le volvemos a decir: me sigue faltando aquella otra cosa, y le volvemos a fijar otro precio.
La felicidad es interna e individual, nunca depende de condiciones externas, cierto es que en la vida de todas las personas hay momentos y circunstancias que condicionan, pero si aceptamos nuestra vida de forma integral con todo lo que la envuelve, y la amamos de forma incondicional, la felicidad siempre encuentra la forma de llegar a nuestro lado y alegrarnos la vida, e incluso nos hace mas llevadera cualquier circunstancia o situación con alto grado de dificultad.
Nunca debemos poner precio para que nuestra felicidad llegue hasta nosotros, ella está esperando a que le abramos la puerta de nuestro interior, cuando entra en nosotros y nos envuelve con su magia, ya no necesitamos nada mas, somos felices y punto.
Os invito a la reflexión sobre el tema, es bonito e interesante, un saludo y hasta mañana.
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