miércoles, 26 de octubre de 2022

LOS 8 HÁBITOS INCONSCIENTES QUE TE LLEVAN A LA INFELICIDAD 1ª Parte (Por Emma Fernandez)

 Nuestra conciencia puede igualarse a un iceberg. Hay una parte de nuestra mente de la que somos totalmente conscientes y reconocemos sin problemas, que sería la zona visible. La otra parte es el inconsciente, que incluye los procesos mentales, sentimientos, recuerdos e ideas que ignoramos pero que se pueden manifestar cada día sin que lo sepamos.
Muchos de estos procesos pueden ser negativos para nosotros, como ciertas formas de interpretar los sucesos de nuestro alrededor. De hecho, existen patrones de pensamiento que pueden hacernos muy infelices y que en Psicología se conocen como “distorsiones cognitivas”. A continuación, vamos a ver qué hábitos inconscientes son los que nos provocan malestar y contribuyen a hacernos infelices y cómo solucionarlos:
1. Formas negativas de interpretar las cosas.
Lo que sucede a nuestro alrededor simplemente son hechos que pueden ser tomados de mil maneras diferentes. Lo que es curioso es que un mismo suceso puede verse de forma negativa o de forma positiva.
Las personas infelices tienen el hábito de considerar los hechos que ocurren a su alrededor de forma que les causan malestar innecesariamente. Y, es más, es un patrón de pensamiento muy automático, inconsciente, y, por tanto, complicado de controlar. Algunos ejemplos de estas interpretaciones serían:
– Esperar consecuencias malas de cualquier suceso inesperado o nuevo (“voy a conocer a la familia de mi pareja, seguro que hago algo inapropiado”). Esta manera inconsciente de pensar acaba afectando al estado de ánimo, aumentando la ansiedad y el malestar, lo que puede acabar incrementando la probabilidad de que nuestros miedos se cumplan. Lo adecuado es afrontar las situaciones novedosas con apertura y actitud positiva, sin importarnos si las cosas van a salir bien o mal, sino tratando de sacar el máximo provecho de ellas.
Esa actitud se reflejará en lo que decimos y lo que hacemos. Así, estaremos más tranquilos, despreocupados y más cerca de nuestros objetivos.
– Exagerar y magnificar los aspectos negativos de las cosas y olvidar los positivos: tenemos la absurda costumbre de centrarnos en lo malo, darle vueltas y resaltar todo lo te hace sufrir esa situación. Sin embargo, siempre hay cosas positivas en casi todos los ámbitos de nuestra vida (por ejemplo: seguir saludables, tener éxito con nuestra pareja, una relación bonita con nuestros hijos, etc.) que tienden a olvidarse. ¿Y si recordáramos todas las cosas valiosas que hay en nuestra vida o hemos conseguido? ¿Y si tuviéramos en mente todas esas veces que luchamos y salimos airosos en vez de nuestros fracasos? Evidentemente, estaríamos siendo más felices sin perder la sinceridad con nosotros mismos.
– Visión extrema (“todo es blanco o negro”): o clasificar nuestras vivencias como “buenas” o “malas” sin darnos cuenta de lo complejo que es el mundo y todo lo que sucede en él. Muchos eventos pueden situarse en puntos intermedios, sin tener que valorarse de forma tan positiva o negativa. No es imposible cambiar nuestra forma de interpretar las cosas. Lo primero para ello, es ser conscientes de cómo nos tomamos las cosas que nos ocurren y empezar a sustituir el pensamiento que nos hace infelices por otro más ajustado a la realidad y que genere menos malestar.
2. Lo que nos decimos a nosotros mismos.
Este punto es muy parecido al anterior, pero quiero resaltar aquí concretamente cómo tratamos a nuestra propia persona. A veces se nos olvida que somos seres imperfectos pero valiosos, capaces, que tenemos días malos y buenos, y que debemos hablarnos con respeto y cariño.
Analiza qué es lo que te dices a ti mismo y huye de los pensamientos inconscientes que se vuelven automáticos del tipo: “debería ser mejor”, “tengo que trabajar más”, “debo ser la madre perfecta”, “siempre lo hago todo mal”, “ojalá no fuera tan torpe”, “ya estás pensando otra vez en lo mismo”, etc.
Estas cosas que nos decimos llevan implícitas ansias de perfeccionismo y demasiadas exigencias que nos desbordan y nos provocan estrés. Por eso es importante conocer nuestro propio valor, asumirlo y darnos cuenta de que debemos ser más comprensivos con nosotros mismos.
Así, podríamos cambiar estos pensamientos por otros como: “esto me ha salido mal, pero yo tengo muchas cosas buenas, quizás en la próxima va mejor”, “me siento orgullosa como madre”, o “hoy estoy cansado, voy a tomarme las cosas con más calma”.
3. Centrarnos en el pasado o en el futuro y no vivir en el presente.
Un error muy común es no pensar en el presente, sino gastar mucho tiempo pensando en cosas que ya pasaron o que se cree que ocurrirán el futuro. Preocuparse por lo que va a suceder puede provocar mucho estrés y además no tenemos seguridad real de que lo que pensamos vaya a pasar o no. Como vemos, esto es una tarea inconsciente que resulta inútil e incluso nos hace sentir mal.
Otro error es la idea de “podré ser feliz cuando consiga pareja”, o “cuando pierda peso, comenzará mi felicidad”. Ya que estás proyectando tu felicidad a un hecho futuro, ignorando que hoy por hoy, puedes sentirte feliz de otras formas y valorando otras cosas buenas de tu vida actual.

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