En mi opinión, el hecho de no
valorar adecuadamente el resultado que pueden acarrear algunos de
nuestros actos, o algunas de las cosas que decimos, conduce a que
podamos dañar a los otros. Y, lógicamente, que nos dañen los otros
cuando hacen lo mismo.
Las personas podemos no tener conciencia
clara de haber hecho algo malo –o que los otros lo interpreten como
malo-, y por ese motivo no pedimos disculpas a quien hayamos ofendido.
Puede que no seamos conscientes del alcance real de los actos, o bien lo
minimicemos o no lo tengamos en cuenta porque según nuestra
percepción, o nuestra escala de valores, eso que al otro le ha parecido
trágico, tremendo, para nosotros ha podido pasar desapercibido.
Si alguien se enroca en un rencor hacia otro alguien que, aun habiendo
obrado mal, no es consciente de haber hecho algo que nos ha sentado mal…
¿qué adelantamos con ello?, ¿qué resolvemos?
En esos casos uno
se queda incómodo, enojado, furioso, rabiando… mientras el otro sigue
tranquilo y ajeno a nuestro malestar. Incluso si llega a darse cuenta de
nuestro estado, es muy posible que le parezca que somos unos exagerados
histéricos que magnificamos una nimiedad.
¿Cómo se supera esta situación?, ¿cómo se logra quedar inafectado?
Comprendiendo. Dándose cuenta desde fuera, objetivamente, o poniéndose en el lugar del otro.
Comprender es para mí una de las palabras más bellas –en cuanto a lo
que representa- de todo diccionario. Comprender es incluir y contener
algo dentro de uno mismo, o sea, hacerlo propio. Hacer que forme parte
de uno mismo. Pero es que, además, es entender, es alcanzar o penetrar
algo. Comprender algo es entenderlo, saberlo con perfección, ocuparse de
ello, entrar dentro de ese algo. Y aún tiene más significados la
palabra: es encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos
de otro.
Comprender es más que ponerse en el lugar del otro: es ser el otro.
Las cosas pueden tener más de un punto de vista y si nos quedamos
obstinados en el nuestro no llegaremos a comprender que otras personas
sean distintas, tengan otros valores, vean las cosas de otro modo, y
actúen de una manera distinta a como lo haríamos nosotros.
Cuando
nos quedamos afectados por una actitud de otra persona hacia nosotros,
antes de enojarnos y responder con agresividad, conviene comprender a la
otra persona. Qué le ha hecho actuar de ese modo, qué intención real
había en ello. Incluso cuando la maldad en el acto cometido ha sido
consciente e intencionada es conveniente hacer esta tarea de comprender
–o por lo menos, tratar de comprender-; en todos los demás casos
conviene una apertura de mente, una visión sin prejuicios, una gran
capacidad de desdramatizar los hechos, una comprensión generosa, amable,
infinita… y preferiblemente sin condiciones.
En demasiadas ocasiones quienes parecen ejecutores no son nada más que víctimas de sus circunstancias.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
jueves, 17 de noviembre de 2022
CUANDO HACEMOS DAÑO SIN QUERER (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario