Es
muy comprensible que, ante un mundo en el que existen guerras,
violencia y miseria, las semillas estelares se sientan desoladas,
impotentes y con ganas de marchar a "casa". La idea de vivir en un
planeta tan caótico y con tanta diversidad de creencias las confunde y
por momentos llega a agotarlas tanto física como mentalmente.
Sin
embargo, antes de encarnar, cuando se ofrecieron como voluntarias para
descender al plano terrestre, todas ellas se sintieron entusiasmadas
ante la posibilidad de contribuir con su energía y esencia álmica al
cambio de conciencia que está viviendo actualmente la Tierra. Sabían que
habría dificultades, pero también que tendrían la capacidad de
sobreponerse a los obstáculos y salir adelante. Todo lo que
experimentan, por duro y triste que a veces pueda resultar, responde a
un propósito y a un plan de vida minuciosamente diseñado. El reto
consiste en no desistir y en observar cada situación desde una
perspectiva más amplia, sin implicarse en exceso en el drama emocional
tan arraigado en la conciencia colectiva terrestre.
Concentrarse
en aquello que las hace felices y ser conscientes de que todo ser
presente en este mundo está viviendo los aprendizajes que su alma eligió
en el plano espiritual las ayudará a equilibrar sus altibajos
emocionales y a fomentar estados más prolongados de paz interior. Cuando
una semilla estelar se enfoca verdaderamente en aquello que ama y deja
de prestar atención a todas esas costumbres, personas e informaciones
que en realidad están haciéndola infeliz e infundiéndole temores
absurdos, su energía comienza a brillar de manera exponencial y la
conciencia colectiva del planeta se ve extraordinariamente beneficiada. 


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Javier López Alhambra
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