El poeta, el cantante, el escritor, el actor, el bailarín.
Todos ellos mueren el día que deciden que llenar la sala es más
importante que lo que sucede en la tarima. En su libreta. En su
pentagrama
Lo he visto tantas
veces: cantantes que dejaron de amar la canción; escritores que ya no se
funden en el papel; actores que no disfrutan más en otra piel. En
definitiva, artistas que quizá empezaron movidos por una pasión, sí,
pero que dejaron que esta desapareciera la mañana en que cambiaron la
búsqueda del arte por la persecución de fama.
Y tiene su razón
de ser, pues el mundo lo premia así, situando en lo alto del pódium no
al amante, sino al popular; no al apasionado, sino al que viene con más
likes; no a la calidad, sino a la cantidad.
Como si todo ello fuera incompatible.
Y es ahí donde surge el debate al que todos debemos acabar dando
respuesta: ¿doy mi vida para crear un séquito de seguidores que me hagan
creer que soy alguien o la doy para ofrecer cosas hermosas que me
conecten con quien realmente soy? ¿La doy por lo que amo o la doy para
que me amen?
Yo, lo tengo claro: prefiero entregarme a la belleza, al arte y a la creación, pues, para amarme, ya estoy yo.
jueves, 4 de mayo de 2023
LA MUERTE DEL ARTISTA, ARTE O FAMA (Por Pablo Arribas Martinez)
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