Hola
gentes, ¿Que tal vamos llevando las cositas de la vida? Imagino que a
unos les irá mejor y a otros peor, y eso es lo normal porque cada uno de
nosotros estamos en nuestro nivel, y desde el mismo hacemos lo mejor
que podemos de acuerdo a nuestras capacidades, conocimientos y demás.
Hoy
voy a versar sobre nuestra relación con el entorno, que sin duda es un
tema muy interesante porque de ello depende en gran manera nuestra
calidad de vida, porque al igual que nosotros influímos en el entorno,
también el entorno influye en nosotros, y como ya hemos dicho en
numerosas ocasiones el mundo externo se comporta como un frontón, que todo
cuanto arrojemos sobre él, de alguna forma o manera nos lo devolverá, y
posíblemente con la correspondiente cosecha.
Voy
a narrar una pequeña historia que acontecía en una pequeña comunidad de
vecinos, a la que yo pertenecí durante un tiempo en mi edad entre los
treinta y los cuarenta más o menos, había una vecina que decía tener muy
mala suerte, y aseguraba también que la vida la trataba muy mal,
mientras que a otros muchos les trataba muy bien y tenían muy buena suerte.
Esta
persona estaba siempre pendiente de la vida de los demás y
comparándolas con la propia, envidiaba en gran manera todo progreso, o
lo que ella entendía por progreso de sus vecinos, porque ello le situaba
en inferioridad de condiciones, y como casi todos somos especialistas
en cubrir apariencias y decorar el escaparate que ofrecemos al exterior,
pues ella veía que a todos sus vecinos le iba de maravilla, todos
tenían mucha suerte, y ella tenía muy mala suerte, y pensando y
sintiendo de esta forma y manera, por mucho que se esforzaba en sonreír y
mostrarse agradable con sus vecinos, no siempre lo conseguía, se le
notaba mucho y las gente la evitaban siempre que podían.
La
mayor parte de las personas de la comunidad estaban entregadas a las
labores y quehaceres de sus vidas, sin dejar de ser solidarias con
familiares, vecinos y amigos, algunos se alegraban de los logros ajenos,
y ello les permitía el disfrutar, nó solo por el bien propio, sino
también por lo ajeno, y estas personas eran muy queridas y apreciadas
por todos sus vecinos y demás.
En
la realidad somos muchas las personas que acostumbramos a quejarnos de
cómo nos trata la vida y el entorno, no estamos conformes del cómo
acontecen las cosas, de lo que llega, y la forma en que llegan muchas
circunstancias y situaciones, muchas de ellas diferentes o
contradictorias a nuestras perspectivas necesidades, gustos y
preferencias, y que al final terminan suponiendo un gran obstáculo para
vivir en armonía y felicidad. Continua en la 2ª parte.
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