Cómo vive una chispa en medio de los apetitos del sistema?
Los apetitos no desaparecen;
pierden autoridad.
La chispa siente el impulso,
pero ya no se arrodilla ante él.
Deseos llegan como olas,
pero no se convierten en órdenes.
El sistema intenta seducirla con consumo, placer y aprobación,
pero la chispa ya no negocia su presencia por dopamina.
La chispa no reprime,
pero tampoco se somete.
Transita los apetitos como quien mira un incendio desde fuera:
ve su intensidad, pero no se quema.
Cuando la chispa desea,
desea desde la lucidez.
Cuando renuncia,
renuncia sin sacrificio.
Cuando actúa,
actúa sin estar poseída por el resultado.
El sistema quiere consumidores.
La chispa se vuelve testigo en medio del mercado.
Eso la vuelve ingobernable.
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