viernes, 21 de noviembre de 2025

LA ESPIRITUALIDAD DE LOS CHICOS BUENOS (Por Javier Lopez)

 

Te atrapa sin que te des cuenta. Y está basada en el miedo y la culpabilidad (muy comunes en personas que provienen de árboles familiares en los que esos conceptos son el pan de cada día). Se trata de la espiritualidad de los “chicos buenos”. ¿En qué consiste? En un falso sentido de humildad, una autoestima muy baja y una gran incapacidad para tomar la iniciativa y gestionar el conflicto en nuestra vida. Estas personas confunden espiritualidad con ser “buenas”, obedientes, sumisas y amorosas a todas horas. Con sonreír a todo el mundo, “amar” a todo el mundo, desvivirse por todo el mundo y sacrificarse por todo el mundo. No tienen término medio. No están en equilibrio. Ellas lo “dan todo” (por eso muchas terminan desgastándose y desarrollando multitud de problemas físicos). Y la “espiritualidad” (mal entendida) es lo que les sirve de excusa para justificar su actitud y culpar a quienes no obran como ellas.
Pero (he aquí el quid de la cuestión) no lo hacen de corazón. No aman realmente a nadie, ya que no se aman a sí mismas. Y, normalmente, exigen lo mismo a cambio o juzgan severamente a quien no comparte ese sentido de “sacrificio espiritual”. En realidad, no se trata de personas “espirituales”, sino de personas con un pobre autoconcepto de sí mismas. Personas llenas de creencias limitantes, culpabilidades, dogmas y conflictos interiores en los que aún no han indagado. Muchas creen que actuando así y siendo excesivamente “buenas”, sacrificadas y complacientes se van a ganar el “cielo”, o no van a generar más karma (como no están arraigadas en la Tierra, desean “marcharse” cuanto antes), o los demás las van a reconocer y a amar por su “bondad”. Pero todo se basa en lo mismo: no se aman, se sientes culpables. Por ello han de compensar esta culpa y esta baja autoestima con actos externos.
Y no es que no puedan ayudar a otros o hacer lo que deseen (faltaría más). El problema es que no son reales. Llevan las cuentas. Ponen en deuda al prójimo. Necesitan reconocimiento y que los otros se den cuenta de lo “buenas” que son. Se trata de personas que no tienen paz interior, y esta ausencia de paz las hace perderse en el afuera y en el juicio a los demás. El mundo de la espiritualidad está lleno de estos falsos “buenos”, y la mayoría de nosotros caemos, en mayor o menor medida, en esta “tentación”: la tentación de ser lo que no somos para compensar algo que creemos ser (culpables e indignos) y tampoco somos. Por ello, antes de ser “bueno” con los otros, pregúntate para qué lo estás haciendo. Cuál es la raíz de ese comportamiento. Pregúntate si en realidad estás “amando” al otro o lo estás poniendo en deuda contigo. Pregúntate si ayudas porque en verdad lo sientes o porque en el fondo te sientes mal contigo mismo (¿qué pasaría si no ayudaras? ¿Esa ayuda es de corazón o te sientes obligado “espiritualmente” a darla? ¿Para qué no te das el permiso de no resonar con el otro? ¿Te consideras su salvador? ¿Eres consciente de que el otro es el principal responsable de su vida y no tú?...). Sé que duele, y que tu ego va a removerse, pero reflexionar sobre esto y liberarte de culpabilidades y dogmas inconscientes te va a despertar mucho más que cualquier cosa que puedas hacer por los demás, pues solo vas a aportar realmente al colectivo cuando lo hagas desde un estado de paz interna, de conexión y de amor por ti mismo, liberando al otro de tus conflictos, tus dogmas, tus “deudas” y tu culpabilidad.
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