La Navidad se vende como amor, unión y sinceridad, pero muchas veces es pura fachada. Se dice "paz" mientras se guardan rencores, se habla de familia mientras se ignoran todo el año, y se presume generosidad solo porque la fecha lo pide.
Ese día se reparten abrazos que no se vuelven a dar, promesas que no se cumplen y palabras bonitas que duran lo mismo que las luces prendidas. Todo parece perfecto por unas horas, pero cuando termina la fecha, cada quien vuelve a ser exactamente lo que era.
No es que la Navidad sea mala, lo triste es la hipocresía con la que muchos la viven. El amor no debería ser de temporada, ni el perdón por compromiso. Si los valores solo aparecen un día al año, entonces no son valores... son un disfraz.
Tal vez la verdadera celebración empieza cuando dejamos de fingir y empezamos a vivir con coherencia, incluso cuando no hay regalos, fotos ni miradas.
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