En mi opinión, eso de confiar –sobre todo cuando lo que nos está
sucediendo no es nada agradable- y tener una fe inquebrantable en que
todo lo que nos ocurre –aunque no lo comprendamos- es para nuestro bien…
cuesta mucho.
“A veces pedimos a Dios que cambie nuestra
situación actual sin saber que Él nos puso en esa situación para
cambiarnos”. No todos pueden aceptar esta frase sin una cierta duda o
desconfianza. Yo, entre ellos.
Mi fe duda mucho en ciertos casos,
o directamente no aparece. Y esa fe que podría ser una tabla de
salvación –o una mentira piadosa que más adelante se convertirá en más
dolor- no aparece en mí en algunas situaciones delicadas. Y no sé si eso
es bueno o malo.
Reconozco ser escéptico en los asuntos que se
basan sólo en la fe. Pero admito que a lo largo de los treinta años que
llevo con las cuestiones relacionadas con el Desarrollo Personal, y por
las muchas historias personales que he escuchado, acabo admitiendo que
parece que hay “algo” que controla todo esto –y que escapa a nuestro
control-, y que ese “algo” hace que pasemos por ciertas experiencias –y
en muchos casos no sabemos por qué o para qué-.
Las experiencias
propias y ajenas me lo han confirmado. Nos van pasando cosas
inexplicables, incomprendidas o incomprensibles, aparentemente
innecesarias por su gravedad, desagradables, y no sabemos cómo
tratarlas, no les encontramos sentido en nuestra vida. Pero, en algún
momento… se recolocan las cosas y parece que empiezan a tener sentido.
Lo incomprendido, entonces pasa a tener una lógica. Era una lección que
teníamos que aprender. A la vista de los resultados parece ser que, a la
larga, era beneficioso para nosotros atravesar aquella experiencia.
No siempre se acaba comprendiendo y no sé si es porque no estamos lo
suficientemente atentos y espabilados, o porque nuestra limitada
capacidad mental no llega a tanto, o es algo –según la teoría de las
reencarnaciones- cuyos resultados o sentido se encontrarán en otra
reencarnación. Esto es, de momento, sólo una teoría.
Esas cosas
“incomprendidas” que nos ocurren –casi siempre desagradables e
indeseadas- queremos entenderlas ya, en el mismo momento, y no es así.
Tenemos demasiada prisa por comprenderlo y encajarlo donde corresponda.
Tanta prisa que lo aceleramos y a veces no llegamos hasta el final
necesario. Y, de ese modo, nos perdemos parte de la vida, porque ésta
conlleva tanto experiencias agradables como indeseadas. Todo forma parte
de la vida. Todo tiene un sentido… aunque tengamos que esperar para
conocerlo.
Mientras estemos en la experiencia conviene estar
plenamente en ella, no precipitarla, no querer huir: se han reunido una
serie de circunstancias para que suceda de ese modo, así que averigüemos
por qué o para qué ha sucedido. Vivamos el momento recogiendo en los
sentimientos todas las experiencias, aunque no se comprendan; acaparemos
toda la información porque llegará el momento en que todo ese
rompecabezas i se recomponga por sí mismo y adquiera sentido. Que no nos
falte ninguna pieza.
No hay que huir del sufrimiento –ni
tampoco estancarse en él-, hay que permitir que llegue hasta donde tenga
que llegar, que se sienta donde se tenga que sentir, que duela ese
dolor porque más adelante va a tener sentido. Si tenemos prisa por que
pase, nos estaremos perdiendo algo que puede ser importante.
Confiemos un poco más. Y esto me lo digo a mí también. Sí, tal vez sea
mucho pedir. Pero, a mi pesar, aunque a mi mente racional le cuesta,
estoy convencido de que hay que confiar…
Al final, todos los sinsentido acaban encontrando su sentido.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
lunes, 3 de mayo de 2021
¿Y SI CONFIAMOS UN POCO MÁS? (Por Emma Fernandez)
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