Uno
de los más maravillosos fenómenos que experimenta el alma en su
constante aprendizaje de ir y venir a través de diferentes vidas y
mundos, es abandonar su cuerpo físico. Es decir, la transición de pasar
de un estado material a un estado espiritual, aunque al final de cuentas
solo se trate de diferentes planos existenciales en diferentes grados.
Este
tránsito supera incluso el momento preciso de tomar cuerpo como hombre o
como mujer (porque si bien es cierto que requiere de ese cuerpo para
poder evolucionar, también es cierto que esto lo deja indefectiblemente
atado a él mientras cumple su ciclo físico y sus aprendizajes).
Pero
qué doloroso ha sido para muchas familias este momento de liberación de
nuestros seres queridos. Y más aún cuando se le da el sentido erróneo
por desconocimiento y para mantener dogmas religiosos.
Con
amenazas aterrorizantes de supuestos infiernos y condenación, así como
con quiméricos ofrecimientos de indulgencias, cielos, glorias y
salvación, no permiten que se comprenda lo sublime de este acto natural.
Acto que todos hemos experimentado muchos cientos de miles de veces.
De
tal manera que, es un deber abrir y liberar nuestra mente e integrarnos
a la revolución de la consciencia, para saber cuál debe ser nuestro
proceder cuando un ser querido esté próximo a esa transición.
Nunca
debe ubicarse al enfermo en lo más escondido de la residencia ni
enclaustrarlo en un lugar oscuro. Él necesita luz y aire para que sienta
y respire todas las auras vivificantes. Luz natural para su cuerpo y
luz sideral para su alma.
Se
le debe transmitir confianza y serenidad para que no tenga ningún temor
a su transición, porque ya ha pasado por ese momento multiplicidad de
veces aunque no lo recuerde.
Que esté tranquilo(a) porque ya dio todo lo que le fue posible en su medida; experimentó, aprendió y amo todo lo que debió.
Deben hacerle notar que están muy agradecidos por haber compartido en una familia y en esta vida.
Esas
palabras reconfortarán su alma y le ayudarán a esperar conforme, con
paz e incluso con alegría, el momento de abandonar su cuerpo.
Cambiemos los viejos patrones y recibamos este momento sublime con amor en nuestros corazones.
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