Hola
amigos y amigas, ya se aproxima ese acontecimiento anual al que llamamos NAVIDAD, hace algún tiempo escribí al Espíritu de la
Navidad, y voy a volver a publicarlo de nuevo, pues de seguro que muchas
de las personas que me leéis en la actualidad no teneis conocimiento de
ello, aunque es algo repetido creo que segue siendo interesante, es
algo largo pero como el tiempo es gratis no creo que haya demasiado
problema.
Voy
a narrar a mi forma y manera en qué consiste la misión o cometido del
auténtico Espíritu Mágico de la Navidad, pero advierto que solo se trata
de mis ideas al respecto del tema, y que a veces pierdo el hilo y
termino mezclando algún disparate, por si fuese el caso se recomienda
estar atento.
Como muchas veces he dicho no
me cabe la menor duda de que este mundo con todo su contenido, es una
escuela de aprendizaje y capacitación, donde se imparten, en teórica
y práctica, algunas de las asignaturas que completan los cursos
necesarios para aprender lo relacionado con el Amor y la Verdad, y a vivir la vida en armonía y felicidad, es
la fragua donde se templa y se da forma al acero golpe a golpe, y
poco a poco de un trozo de metal en bruto, conseguimos una obra
realizada capaz de transmitir y expresar sentimientos, belleza, arte
é incalculables capacidades.
Todos
sabemos lo que significa una escuela, donde a diario nos imparten
enseñanzas y se realizan prácticas, y nos ponen exámenes para evaluar nuestro nivel de
conocimientos y capacidades, y asi saber si estamos capacitados para pasar al siguiente
nivel.
A
lo largo de todo un curso, hay muchos exámenes, pero los más
importantes son los de final de curso, porque de su aprobado depende
si pasamos al curso siguiente, todos estos conceptos se entiende que
los tenemos claros porque aunque de forma diferente, todos los hemos
vivido, y al final de curso casi siempre nos espera alguna fiesta, o
algún viaje de fin de curso, vacaciones o actividades que nos
alivien las tensiones producidas por los esfuerzos, y renueven
nuestras fuerzas e ilusiones para el curso siguiente.
Todo
cuanto aprendemos en nuestra etapa de formación y capacitación,
pasa a formar parte de nuestra personalidad, y junto con el resto de
aprendizaje adquirido en el hogar y en los ambientes en los que nos
hemos desenvuelto, conforma la base teórica y de capacitación, en la que nos apoyamos
para hacer frente a las variadas circunstancias que la vida humana
nos presenta en el diario, y que en sí, constituyen la evaluación de la
escuela de la vida.
Si
suspendemos las prácticas, puede ser que parte de la teórica no la
hemos aprendido correctamente, y con las prácticas suspendidas no se
puede pasar al curso siguiente.
Es
posible que te estés preguntando, ¿Qué tiene que ver todo esto de
las escuelas con nuestra navidad?, yo creo que mucho, y a
continuación vamos a realizar un ejercicio de comparación.
Todos
los cursos de formación tienen su principio y final, en el principio
tomamos conciencia de las materias a tratar y nos organizamos para
asimilar su contenido, que es la parte teórica, y después
llevaremos a la práctica lo asimilado, y llegarán los exámenes de
final de curso, si todo sale bien, obtendremos el aprobado y
pasaremos al curso siguiente, y si no hemos aprendido todo el
contenido del curso, no hay aprobado y habrá que repetir lo suspenso.
En
la “escuela de la vida”, cada año es un curso o ciclo de
formación, y al final del mismo llegan los exámenes, cuyo contenido
es un resumen de lo más significativo de todas nuestras actuaciones
de pensamiento, sentimiento y acción, pero entre la formación
académica que recibimos como personas, y la formación Espiritual de
la “escuela de la vida”, hay una gran diferencia, y es que en las
escuelas de la vida física, tenemos a los profesores que nos enseñan
y evalúan, y en la escuela espiritual somos los alumnos y también
los que tenemos que evaluarnos, nos toca viajar en el tiempo hacia
principio de año, y analizar de forma imparcial (sin favoritismos
hacia sí mismos) todas las actuaciones que más nos han afectado a
nosotros, y tanto o más importante, a las personas, animales y resto
de componentes de la naturaleza de nuestro entorno.
Este
trabajo nadie lo puede hacer por nosotros, nadie está capacitado
para venir junto a mí, y decirme lo que estuvo bien o mal, nadie
estaba dentro de mí, cuando yo hice lo que hice, y por tanto, nadie
conoce los motivos que me condujeron o impulsaron a la acción, por eso nadie me
puede evaluar, pero si yo estoy interesado en mejorar como persona y
Ser espiritual, no me queda mas remedio que vestirme la “toga”, y
nombrarme abogado y juez de mí mismo, y naturalmente que para abogar
por mí, y dictar veredicto, necesito conocer lo más notorio y
significativo de todo el año, para saber que es lo aprendido y
superado, y también lo pendiente y prioritario para el siguiente.
Es
posible que tú que estás leyendo te estés planteando, que a que
viene tanto lío y complicación, con lo fácil que resulta tirar
para adelante en la vida sin más ni más, y que duda cabe que
también es una opción válida, pero si todo lo que yo pienso,
siento y realizo lo doy por bueno, es que creo que soy perfecto, y si
me considero perfecto, está claro que no hay nada que mejorar, nada
que cambiar, y, ¿Qué ocurre cuando en mi persona no hay ningún
tipo de progreso, mejoramiento y cambio?, sencillamente me quedo
estancado en el tiempo, y desfasado con todo lo actual, y ello
dificulta mis relaciones de todo tipo, y las posibilidades de estar actualizado, de
progreso y pasármelo bien se reducen.
El
Espíritu de la Navidad no es una entidad espiritual que nos visita
para dar rienda suelta a nuestros desenfrenos, y con la excusa de que
es Navidad entregarnos a todo tipo de gastos y excesos, con grandes
perjuicios para nuestra salud, y también para nuestra economía.
Yo
creo que llamamos Espíritu de Navidad, a la concurrencia de unas
energías espirituales de un orden y nivel superior al nuestro, para
con su cercana presencia, transmitirnos sentimientos de fraternidad y
hermandad, que nos serán de una gran ayuda a la hora de analizar
nuestra obra de todo un año, y también nos ayudarán a conseguir
una disposición interior adecuada, para que de forma natural, nos
brote el perdón y el deseo de reconciliación, sobre nosotros en
principio, y tanto o más importante, sobre las personas, que por
motivos varios, hallamos tenido problemas en nuestras relaciones.
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