En
mi opinión, de las muchas definiciones que se han hecho de lo que es la
resiliencia, creo que esta es la más atinada de las que conozco: “Es la
capacidad de hacer frente a las adversidades de la vida, transformar el
dolor en fuerza motora para superarse, y salir fortalecido de ellas.
Una persona resiliente comprende que es el arquitecto de su propia
alegría y su propio destino”.
El
diccionario dice que es “la capacidad de adaptación de un ser vivo
frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos” y
también es “la capacidad para recuperar el estado inicial cuando ha
cesado la perturbación a que se ha estado sometido”.
“El fracaso no es caer, sino negarse a levantarse”. Todos,
más o menos, antes o después, hemos atravesado y atravesaremos
situaciones de esas que creemos que van a poder con nosotros, de las que
nos parece que no vamos a poder recuperarnos nunca, de esas que se
consideran como el fin de nuestro mundo; así parece que es la vida,
pero… hay un impulso vital que nos empuja a seguir adelante a pesar de
todo y hay que saber escucharle y obedecerle. Siempre hay que seguir, a pesar de todo hay que seguir. Y hay que seguir y mejorando, que lo vivido no se vuelva contra nosotros sino que lo utilicemos para salir ganando.
Charles
Darwin decía que “no son los más fuertes de la especie los que
sobreviven, ni los más inteligentes. Sobreviven los más flexibles y
adaptables a los cambios”. Quien mejor sepa aceptar las situaciones y
las circunstancias duras inevitables sin enfrentarse a ellas, sino
adaptándose, saldrá de ellas antes y saldrá fortalecido.
Las
adversidades van a estar siempre presentes, parece que forman parte
indisoluble de la vida. Confucio ya se adelantó al decir que “Nuestra mayor gloria no está en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos”. Y levantarnos –añado- con la lección aprendida acerca de lo que nos ha sucedido, para que no se vuelva a repetir.
Recuperarse.
Recomponerse. Sobreponerse. Seguir. Hay que reintegrarse a la vida
porque tenemos que seguir en la vida. Es una carrera de fondo y uno no
se debe retirar porque haya tenido un tropezón o una caída.
Esa
idea la explica bien Steve Goodier: “Lo que me hirió en el pasado ha
hecho que esté mejor preparado para enfrentar el presente.” Y el futuro.
El sufrimiento que conllevan las malas experiencias sería inútil si no se aprovechara el conocimiento que siempre aportan.
¿De
qué se trata la resiliencia? De caer y levantarse tantas veces como se
caiga uno, de aprender lo que haya que aprender de cada experiencia
desagradable para que no se nos vuelva a repetir, de emerger más sabio
de las situaciones duras, de salir fortalecido de cada tropiezo…o sea,
de conseguir que el dolor y el sufrimiento no hayan sido en balde sino
que hayan sido el origen de un cambio para mejorar.
Y
se puede conseguir. Sólo se trata de ser mitad optimista y mitad
realista. Llegado a este punto tal vez te interese volver al inicio y
leerlo de nuevo con otra actitud más risueña y positiva.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
Si
le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo. Yo he
hecho mi trabajo escribiéndolo con la intención de que le sea útil a
alguien. Le pido que ahora haga su aportación difundiéndolo entre sus
amigos o en sus grupos. Así también tendrá su parte de mérito en lo que
pueda aportar a otros y recibirá su recompensa. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario