“Nadie es una isla
por completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de un continente, una
parte de la Tierra. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque
estoy ligado a la Humanidad. Por tanto, nunca preguntes por quién doblan
las campanas, doblan por ti” (John Donne. Siglo XVI)
El guión de la Vida, en cuyo seno existimos, avanza hacia una
“complejidad” que se alimenta de la relación con el “otro”, y nos hace
progresar hasta sentir la unidad con él. Un largo camino, sin duda,
donde los límites del “yo personal” devienen cada vez más imprecisos al
tiempo que un incipiente “nosotros” se vislumbra cada vez más consciente
y cercano. Más vivo y real.
Así está escrito el guión de la Vida. Progresamos hacia la “integridad”,
aún sin ser conscientes de ello; hacia un nivel de consciencia donde no
existimos aislados, ni separados de nada ni de nadie, y la alegría o el
dolor de uno cualquiera es alegría o dolor de todos. Ojalá que esta
intuición por el cambio que hoy nos conmueve acuciados por la situación
mundial, nos haga sensibles a la necesidad de “cambiar hacia el otro”,
acercándonos a él; a su realidad, que ya no es ajena, movidos por un
sentimiento compasivo que es la expresión del Amor capaz de obrar el
milagro de la cohesión entre nosotros, aún siendo diferentes...
Sé que hay mucho por hacer en esta magna tarea, y que un mundo más
equilibrado y justo es posible. Pero sólo puede nacer de ese espíritu
compasivo entre los hombres y con todo lo viviente; de un deber moral y
de una vida ética. Esa es hoy la clave. Se llama COMPASIÓN, sentir al
otro (a todo lo “otro”) en tu corazón, cuidarlo, y “sentirte uno” con
él, que no es igual a “sentir lástima” por él. Y, desde ese sentimiento,
actuar para unir.
COMPASIÓN: así se llama y es la religión del mundo futuro. No habrá
otras. Y nosotros estamos aquí para gestionar el tránsito desde donde
estamos, a esa vida ética; a esa otra manera de vivir contenida en la
“regla de oro”: “Hacer a los demás lo que quisieras que hicieran
contigo”.
La Vida se expresa hoy con un redoble de campanas dramático, doloroso,
brutal..., pero ajustado y conforme al guión, a lo que toca hacer. Y,
porque somos actores que damos vida a la obra, responderemos a la
llamada; torpemente, tal vez, dada nuestra ignorancia, pero no importa.
Aquí estamos, tomando el testigo de los que pasaron antes, y
fortalecidos con la esperanza depositada en nosotros por los que vendrán
después. Porque todos juntos constituimos la llamada Comunión de los
Santos y, en ella, nosotros somos hoy el relevo.
Ningún gobierno, ningún poder, nadie puede sustituirnos. Esto es un
asunto indelegable del Hombre, mujer o varón. Deber moral, Dharma puro.
Misión. Y ya hemos empezado. Pero que nadie se equivoque: el primer paso
es vivir con el alma lo que ahora mismo está pasando... No hay un
después, sin este paso.
Félix Gracia (Marzo 2020)
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