Solemos
mirar fuera de nosotros mismos para juzgar y señalar a las personas
tóxicas, pero si alguien así se encuentra cerca de ti o mantenéis una
relación, has de preguntarte qué hay de tóxico en ti para que esa
relación se prolongue o no seas capaz de poner límites sanos y
contundentes.
A
veces, y aunque pueda doler, el tóxico no es el otro, sino nosotros
mismos, pues no somos capaces de decir no, poner límites y dejar claras
nuestras opiniones. Normalmente, en las relaciones tóxicas suele surgir
una dependencia mutua que hace que las dos personas no vean otra opción
que permanecer juntas o interactuar de vez en cuando, aun cuando ambas
(o al menos una de ellas) saben que la relación es destructiva y no les
aporta ningún bien.
Cualquier
persona tóxica que se halle en nuestras proximidades y con la que
prolonguemos una relación que no deseamos está hablando de nosotros
mismos y de nuestra incapacidad para valorarnos y respetarnos. Cuando
identificamos a una persona tóxica, algo de tóxico hay también en
nosotros, y mientras no seamos sinceros con nosotros mismos y tomemos
conciencia, seguiremos en el círculo vicioso de señalar al otro en lugar
de responsabilizarnos y poner límites.
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Javier López Alhambra
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