Es
una estado mental donde gozas de las pequeñas cosas de la vida, de todo
lo que te rodea, del aire, de los colores y no te quejas en absoluto de
lo que no posees. Cuando estás en ese estado mental de bienestar
interior, de alegría, de descubrimiento, de agradecimiento con la vida,
eres muy feliz. La fuente verdadera del estrés está en la cabeza, en la
mente. Nos exigimos demasiado a nosotros mismos, nos exigimos hacerlo
todo bien o muy bien y eso es absurdo, nos exigimos tener muchas
cualidades y eso no sirve para nada. Si dejamos de exigirnos a nosotros
mismos y a los demás, la vida en las ciudades modernas sería muy
tranquila. Somos nosotros los que nos metemos una presión exagerada con
todo lo que hacemos, en vez de disfrutarlo, estamos cargados de
necesidades. Hay que realizar ejercicios de reflexión, de debate contigo
mismo para eliminar esa tensión y esas necesidades
Por
lo general, buscamos la felicidad en el mundo exterior. Intentamos
mejorar nuestras condiciones materiales y posición social, encontrar un
trabajo mejor remunerado, pero aunque lo logremos, seguiremos teniendo
numerosos problemas y no nos sentimos satisfechos. De esta forma, nunca
disfrutamos de una paz auténtica y duradera. En sus enseñanzas, Buda nos
recomienda que no busquemos la felicidad en el exterior sino en
nosotros mismos. ¿Cómo podemos encontrar la verdadera felicidad?
Purificando y controlando nuestra mente por medio de la práctica sincera
del Budadharma. Si nos adiestramos de este modo, sin lugar a dudas
alcanzaremos un estado de paz mental duradero y seremos felices sin
depender de las circunstancias externas.
Aunque
nos esforzamos por encontrar la felicidad, nunca lo conseguimos y
continuamos padeciendo sufrimientos sin cesar. ¿Por qué nos ocurre esto?
Porque la causa de la felicidad, que se halla en nuestra mente, la
virtud, es muy débil y para que dé sus frutos hemos de poner mucho
esfuerzo; sin embargo, las causas internas de los problemas, los
engaños, son muy poderosas y producen sus efectos aunque no lo deseemos.
Esta es la verdadera razón por la que tenemos problemas sin cesar y no
logramos ser felices.
De
lo dicho podemos deducir que la causa principal tanto de la felicidad
como del sufrimiento se halla en nuestra mente y no en el mundo
exterior. Si podemos mantener una mente serena y apacible en todo
momento, nunca tendremos dificultades. Si permanecemos en este estado,
aunque nos insulten, critiquen o culpen de manera injusta, perdamos el
trabajo o nos abandonen nuestros amigos, no lo viviremos dominados por
los engaños. Por muy difíciles que sean las condiciones externas, si
mantenemos una mente serena y apacible, no nos causarán ansiedad. Por lo
tanto, para solucionar nuestros problemas solo tenemos que aprender a
mantener un estado mental apacible por medio de la práctica pura y
sincera del Dharma.
La
felicidad no se consigue con un golpe de suerte, ya que suelen ocurrir
pocas veces, sino con pequeñas cosas que pasan a diario.
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