La
creencia en que una relación de amor ha de durar "para siempre" es una
de las principales causas de enfermedad y sufrimiento en nuestra
sociedad actual. Dicha creencia, fomentada durante siglos por las
ceremonias religiosas y alimentada por un limitante y profundo patrón de
dependencia según el cual "el otro es la fuente principal de mi
felicidad, bienestar e imagen ante el mundo", nos ancla (muy sutilmente
al principio y de manera más devastadora a medida que la relación
avanza) en conductas que, paradójicamente, terminan alejándonos del
verdadero amor y sumiéndonos en la más absoluta de las insatisfacciones.
La
expresión "para siempre", lejos de basarse en un afecto profundo y
sincero (como parece a primera vista), suele estar arraigada en un miedo
enorme e inconsciente a perder al otro. A que la fuente de "mi"
felicidad termine algún día y me quede solo, desamparado y, por lo
tanto, "infeliz". Pues ¿qué sería mi vida sin el otro? NADA. Por lo
tanto, debo asegurarme (mental, verbal y físicamente) de que nuestra
unión "amorosa" sea PARA SIEMPRE, olvidándome así de que una de las
leyes que operan en este mundo es el cambio constante, la
transformación, la evolución...
Evidentemente,
no se trata de que una relación no pueda ser para siempre (de hecho,
las hay); es precisamente ese "para siempre" constante, esa necesidad,
ese apego (muchas veces enfermizo), el que comienza a limitar y a minar
la relación cuando las cosas no marchan como sus integrantes desean o
cuando uno de los dos siente que su camino debe ser otro... Cuando los
dos seres se dan libertad mutua y aceptan que la relación, el
intercambio y el aprendizaje podrían no ser de por vida, la relación
florece, ambos fluyen en el presente y pueden generar el bienestar y la
calidez suficientes como para que la relación, efectivamente, se
prolongue de manera indefinida: "Confío en ti, sé que las cosas pueden
cambiar y aprovecho cada minuto que estoy contigo. Los dos nos
enriquecemos mutuamente y compartimos nuestro ser sin dependencias,
valorando cada segundo y construyendo desde la paz interior. Si un día
lo nuestro llega a su fin, te bendeciré por lo experimentado y aprendido
y te desearé lo mejor en tu nueva andadura. Te amo aquí, ahora, en este
instante, y elijo conscientemente estar, crecer y evolucionar a tu
lado." 
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