Los humanos discuten, reivindican, contestan, pero ignoran adónde los conducirá rechazar las reglas, pues nunca han estudiado las consecuencias lejanas de un pensamiento, de una palabra, de un acto.
Si tuvieran más discernimiento, comprenderían que en el instante mismo en que rechazan estas reglas, se debilitan puesto que desencadenan espíritus infernales en ellos mismos.
Es una ley: cuanto menos uno controla sus pensamientos, sus deseos, sus caprichos, tanto más se vuelve esclavo. ¿Dicen ustedes que necesitan satisfacer todo lo que pasa por su cabeza? Bien, sepan que es el camino directo hacia la esclavitud.
Serán esclavos de ustedes mismos, o mejor de fuerzas interiores muy primitivas que los abatirán y los dominarán completamente.
No pueden ser el rey de su propio reino mientras no se controlen, pues la debilidad, la enfermedad o la locura están allí acechándolos.
Si los sabios nos aconsejan dominar nuestros impulsos, no es por el placer de hostigarnos, sino porque saben que la ausencia de control abre los caminos de la enfermedad, del desequilibrio y de la muerte.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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