Por: Patricia Ramírez
“Tengo un pensamiento que se me repite una y otra vez, no la puedo
controlar. Cuando menos me lo espero, da igual que la situación tenga
que ver o no, me aparece, me atrapa y se queda en mi cabeza minutos,
horas. Me hace sufrir, me da miedo, me altera. Y lo peor de todo, pienso
que si sigo así me voy a volver loca. Creo que tener estas ideas no es
normal, que se me va a ir la cabeza porque un día no lo podré controlar.
Llego a pensar que son señales de algo malo que va a suceder y ahora me
están bloqueando todo el día. No puedo concentrarme a la hora de
trabajar, estoy en el sillón viendo una película y ni la disfruto. Estoy
cansada de mis pensamientos”.
Esta breve descripción pude ser la
de cientos de miles de personas que se quedan atrapadas en sus
pensamientos. Podemos ponerles el adjetivo de obsesivos, negativos,
catastrofístas, inútiles, rumiantes, lo que cada uno elija ponerles. Lo
cierto es que generan altos niveles de angustia y sensación de
descontrol. Muchos de ellos, dado que vaticinan desgracias, producen
miedo y terror a que se cumpla lo ideado. La temática es amplisima:
enfermedades, muertes, pérdida del trabajo o de la pareja, miedo a
sufrir, a que le pase algo a los hijos, a tu padres, a ser engañado, a
salir a la calle y que te marees, que te dé un infarto o cualquier otra
cosa.
Este tipo de pensamientos no nos dejan en paz, nos roban
la paz interior y los solemos atender como si fueran verdades absolutas,
como si nos definieran como personas. Cobran tanto realismo que nos
vemos obligados a hacerles caso.
Lo primero que tienes que aprender es a diferenciar: TÚ NO ERES TUS PENSAMIENTOS.
Lo que a las personas nos define es nuestra forma de comportarnos, lo
que hacemos, no lo que pensamos. De hecho, podemos pensar en mil
fantasías que sabemos que no realizaremos nunca, como puede ser volar
entre las nubes como si fuéramos pájaros. A este tipo de pensamientos no
les damos valor porque sabemos que son pura fantasía. Pero sí que les
damos credibilidad y valor a los que no controlamos, a esas ideas que
irrumpen en nuestra mente sin ser elegidas por nosotros. Y este es en
gran parte el origen del miedo, la falta de control: ¿cómo puede mi
mente funcionar sola?, ¿por qué no puedo pararla?, ¿la ausencia de
control es una señal de que me estoy volviendo loco? No. Quédate
tranquilo. Es cierto que existen ideas delirantes que tienen que ser
tratadas incluso con medicación, son pensamientos desconectados de la
realidad. Pero la inmensa mayoría de nuestros miedos no son más que eso,
miedos, pero no verdades. Nos asustan tanto que si tuviéramos un
ranking de pensamientos estos se llevarían siempre el primer premio. No
porque lo merezcan, sino porque nosotros les otorgamos esa importancia, y
al dársela, nuestro cerebro nos los repite una y otra vez. ¿Por qué no
se repiten en tu mente otro tipo de pensamientos? Solo porque para ti no
son importantes, no te asustan. Una persona que tiene miedo a las
enfermedades y le rondan mil ideas relacionadas con contagios y demás,
seguro que no le preocupa si perderá el trabajo. Mientras que la persona
atemorizada por perder el trabajo, le da igual una nueva peca en su
brazo, jamás pensaría que puede ser un tumor.
Aquí tienes nueve consejos para aprender a relacionarte adecuadamente con ellos.
1. Son solo pensamientos. Nada más.
2. No te enredes con ellos, no les des palique, no les hables, no les
invites a tomar café a tu casa. El problema de rumiar es que es adictivo
para la mente, cada vez quiere más. Si hasta ahora no ha aparecido la
respuesta que te deja tranquilo después de tanto tiempo pensando, seguir
haciéndolo tampoco te va a aclarar.
3. No razones con lo que es
irrazonable. Llevas haciéndolo muchos meses, años y no te ha servido.
Cada vez que encuentras una evidencia, al rato, se repite otra vez la
idea inútil.
4. No saques juicios de valor de esos pensamientos. ¿Para qué? No dicen nada de ti, ni de tu futuro.
5. Aprende a observarlos sin más, sin intervenir en ellos.
6. Ni se te ocurra enfadarte por no controlar la situación. De hecho,
no buscamos controlar nada, ni siquiera buscamos que desaparezcan. Lo
único que buscamos es no prestarles atención, como el niño que tiene una
rabieta de mil pares de narices y simplemente esperamos de forma
paciente a que se le pase, sin regañarle ni amenazarle.
7. Deja
que se alejen, toma distancia con tus pensamientos. Una seguidora de
tuiter, mi querida Cristina, me enseño esta aplicación maravillosa para
utilizarla con este tipo de pensamientos. Pruébala tú, te encantará. 60
segundos para meditar, maravilloso. (http://www.pixelthoughts.co/)
8. Trata de vivir el momento. No es una utopía, es un ejercicio de
atención al presente. Cuanto más pendiente estés de lo que está
ocurriendo en tu ahora, en tu trabajo, en esa comida, mientras te
duchas, cuando hablas con alguien por teléfono, menos energía y lugar
tendrá tu mente para atender otros temas. No podemos estar de forma
consciente y plena en dos actividades a la vez. Así que si entrenas para
estar concentrado y atento al momento, estarás contrarrestando la
fuerza que tienen los pensamientos intrusos.
9. Aprende a ser
agradecido con tu mente: “gracias mente por recordarme que tengo un
pensamiento que dice…”. Recuerda, es un pensamiento que dice…, no eres
tú quien lo dice.
Aprende a diferenciar entre rumiar y
reflexionar. Reflexionar es el punto de partida para analizar, tomar
decisiones y actuar. Mientras que rumiar es un acto bucle. Se repite lo
mismo una y otra vez, sin salida y sin soluciones, pero con mucha
angustia. Rumiar es disfuncional.
jueves, 25 de enero de 2024
PENSAMIENTOS RUMIANTE, OBSESIVOS, INÚTILES, NEGATIVOS, PERO SOBRE TODO, PESADÍSIMOS (Por Patricia Ramirez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario