A
veces surge en mí un sentimiento omniabarcante que lo integra todo. En
ese momento, comprendo cada visión, cada verdad, cada perspectiva...
Comprendo la historia y las razones de cada cual. Comprendo los
sufrimientos, las lágrimas y el dolor. Comprendo que cada persona lo
está haciendo lo mejor que puede. Y que, desde una perspectiva superior,
todo está bien.
Me
inundo de paz y sonrío para mis adentros. Con poco que decir, poco que
explicar, poco que reflexionar ante la inmensidad de lo que siento por
dentro. Solo me queda sonreír, suspirar y ver a la humanidad (yo
incluido) como un pequeño cachorro en pleno crecimiento.
En
el interior profundo y estremecedor de ese sentimiento, no me queda más
remedio que soltar el control, pues es obvio que yo no lo tengo. Que
existe un plan muy bien trazado, y que mi única responsabilidad es
reconocerlo. Aceptarlo. Dejar que fluya y no entorpecerlo...
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