Yo era una mujer como tú, o
como muchas, tenía una carrera un trabajo, lo convencional. Pero miraba
con mucha admiración a esas mujeres tan especiales, con dones que yo
sólo podía soñar.
Su empatía, su humanidad, tenían una forma distinta de ver las cosas.
Pensaba, yo, para ser como ellas necesito un don, algo que me haga
especial, sin embargo no lo tenía.
Pero lo deseaba con tanta fuerza. Miraba a la gente de mi alrededor,
todos corriendo de aquí para allá, tan ocupados, trabajando.
El auto, la casa, es una vida cómoda decía, pero algo faltaba. Los veía a
ellos, los hippies, los espirituales, las chamanas y curanderas.
Y me hice la pregunta: ¿Cómo podría yo vivir como ellos? Yo estoy
acostumbrada a tener ciertas comodidades decía. Además no tengo ningún
don, tengo que dejar de pensar en puras tonterias, me decía. Olvidé todo
aquello y seguí con mi vida.
Pero un día, de la nada, sin razón alguna, me vi al espejo después de
ducharme. Me miré detenidamente un segundo y rompí en llanto, sin saber
por qué. No sabía por qué lloraba, pero lo hacía con mucho sufrimiento y
dolor.
Terminé de llorar y me sequé las lágrimas, me miré nuevamente al espejo y
descubrí que no era feliz. Me dije: “visitaré a una de esas chamanas,
brujas ó lo que sean para que me ayuden”.
Así lo hice, le conté a ella lo que me pasaba y ella muy paciente me
escuchaba, cuando terminé. Me abrazó y me dijo. ¡Bienvenida!
Tenemos sólo una vida y si no somos felices en ella, ésta no habrá valido la pena.
Despertaste y tus dones también. Yo contesté: “Yo no tengo ningún don”, y
ella me dijo que eso nace conmigo, que solo habría que escoger lo que
mi corazón ame y sienta conexión.
Los cristales, las plantas, los rezos, los sahumadores, la energía, el
sonido, la tierra, todo es medicina. Pero yo tengo un trabajo, otro tipo
de vida.
Ella dijo: no tienes que abandonar nada que quieras, según vayas
creciendo en éste camino te darás cuenta que hay cosas que no
necesitamos.
Tendrás la necesidad de andar liviano y las cosas materiales puede que
ya no te hagan falta, pero tal vez sirvan para ayudar a alguien que lo
necesita.
La espiritualidad no tiene reglas tontas, tu espiritualidad la
demuestras, con el respeto a todo ser vivo, la tolerancia a tus
semejantes y la empatía que nos hace más humanos.
La única regla es ser feliz, sin lastimar a nadie.
Ahora ve aprende como manejar tu magia y comparte como nosotras.
¡Hoy despertó una bruja más!
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