A lo que temes, le das poder. Piénsalo:
Ya sea una persona, un lugar, un evento, tal vez algo que sucedió en el pasado, algo que puede suceder o no en el futuro, le estás dando poder en tu vida: el poder de captar tu atención. El poder sobre tu tiempo, tu energía, tus pensamientos, tu concentración. Incluso puedes planificar tu vida en torno a ello o tomar ciertas decisiones para evitarlo.
El miedo puede hacerte retroceder ante la vida. Puede hacerte reprimir tu yo auténtico, alejarte de tu camino auténtico, ocultar lo que realmente piensas, sientes y deseas. El miedo puede desviar la valiosa atención de todas las cosas hermosas de tu vida.
En muchos sentidos, lo que temes se convierte en tu maestro, tu gurú e incluso tu dios. Te conviertes en discípulo del miedo, en su sirviente e incluso en su víctima.
El miedo quiere quitarte todo tu tiempo y atención de lo que amas. Quiere que ignores todo lo demás y adores a sus pies. Quiere que te rindas. ¡Para unirse al “lado oscuro”!
Por eso el miedo puede acabar controlándote.
Hasta que un día te das cuenta de que el miedo no tiene poder sobre ti. En absoluto.
Y en realidad no puede controlarte.
Aquí es donde entra en juego la meditación. La meditación nos invita a salir de nuestras conclusiones y a sentir curiosidad. Para llevar nuestra atención al momento presente. Inclinarse hacia emociones incómodas. Dejar de huir de nosotros mismos. Dejar de adorar a dioses falsos, romper la dinámica gurú-discípulo e ir hacia adentro. Para recordar nuestro verdadero poder.
La meditación nos invita a cuestionar lo que tememos en lugar de ceder ciegamente a las mentiras del miedo.
Entonces, sentimos curiosidad por la opresión en nuestro vientre, la sensación de aleteo en nuestro pecho. El corazón que late. La respiración ondulante. Traemos conciencia de todos los pensamientos aterradores que giran en nuestras mentes y de todas las sensaciones que recorren el cuerpo.
Lo que tememos ya no absorbe toda nuestra atención. Ya no es lo más importante en nuestra conciencia. Ya no es nuestro amo. Ya no tiene el control de nuestra experiencia.
Recuperamos nuestro poder del miedo prestándole atención conscientemente.
Recordamos la fuente del verdadero poder, algo mucho más grande que el miedo: nuestro propio ser. Nuestro arraigo. Nuestra curiosidad. Nuestra capacidad de estar presentes. Nuestra profunda capacidad de amar.
Nuestra presencia es mucho más poderosa que cualquier cosa que temamos, porque genera miedo de la misma manera que una madre sostiene a su bebé recién nacido.
El miedo es sólo un niño pequeño en nosotros que anhela amor.
No tiene por qué retenernos: podemos retenerlo con amor. Podemos calmarlo, mecerlo para que se duerma.
Entonces el miedo no es un enemigo. Es un camino incomprendido hacia la presencia.
Podemos afrontarlo con el poder del AMOR.
Y el poder de la VERDAD.
-Jeff Foster-
No hay comentarios:
Publicar un comentario