Respiro . Y escucho a mi cuerpo. A mi voz que me habla por dentro , expresa palabras que murmuran sobre mis emociones y
pensamientos; de todo eso que en realidad soy. Mis ojos están cerrados,
pero es en la ausencia de luz es que puedo ver con más claridad como
mi corazón late y está más vivo que nunca, a pesar de que no haya
todavía ningún indicio de que alguna vez habrá alguien viviendo en él.
Miro hacia adentro y es como si mi cuerpo fuera un traje que no me he
quitado durante mucho tiempo . Con el alma desnuda me siento y la
observo . Me dice tanto en silencio; me señala a través de lo físico de
sentimientos disfrazados y de las sensaciones en que tuvo que
convertirse para que yo le diera aunque fuera un poco de atención.
Todas las cosas que a lo largo de los años me dolieron, lo resguardaron
sin darme cuenta por cada parte distinta; hasta confeccionarme una
armadura muy dura . Despojado ahora de el, desde afuera a mi cuerpo yo
lo veo en el espejo tan frágil, y le quiero dar el abrazo y la ternura
que tanto necesita; pero basta tan sólo esa sencilla intención, para
aprender el verdadero significado de la palabra “soltar”…
Respiro…
Y escucho a mi cuerpo. Ni el aire que me da vida me pertenece, porque
al igual que todas las cosas que me rodean lo tengo que soltar, dejar
ir, para poder continuar.
En plena penumbra El Camino de En Medio
es más visible que nunca; y con los ojos cerrados mis pasos son tan
certeros, que no necesito buscar ya más respuestas en horizontes
inciertos, ni tampoco irme demasiado lejos en teorías y preceptos, para
saber que por ahí quiero caminar.
Respiro…
Y escucho a mi cuerpo…
miércoles, 19 de febrero de 2025
RESPIRO (Por Jean Jacques)
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