(Viene
de la 1ª parte. Para orientarnos en el difícil laberinto de las
filosofías, necesitamos escuchar a muchas personas sin dejar de estar
atentos a nuestro rumbo e intereses, y analizando toda información a la
luz de nuestra razón, y por muy fiable que sea el que dice o expone
algo, si a mi no me cuadra dentro de los esquemas de mi vida y mis
convicciones, no me lo quedo, lo dejo ir, y yo sigo en la búsqueda de lo
que creo necesitar.
Tengamos
siempre presente que la primera norma para ser auténtico, es ser fiel a
sí mismo, y en ningún caso hemos de dar paso hacia nuestro interior a
algo que no nos apetezca o que no estamos seguros que obrará en
beneficio y para bien nuestro y de los demás, porque dentro de la
diversidad de personas, las hay que se dedican a aprovecharse de la
ingenuidad y buena voluntad de los demás, y aunque por ignorancia o
algún descuido existe la posibilidad de ser engañados o estafados, hay
que procurar que sean las menos veces posibles.
Y
respecto de la “edad” existen un innumerable casos de engaño, estafa, y
perjuicios de todos los tipos y tamaños, naturalmente que somos
nosotros quienes damos pié o cobertura a todo ello, en el empeño de
conseguir lo imposible, de frenar y detener la marcha de unos procesos,
que no tienen frenos ni se detienen jamás porque son perfectos según son
y están.
Pero
a nosotros nos gusta imaginarlo todo según nuestras conveniencias y
propósitos, tanto si se corresponden con los procesos de La Madre Naturaleza
como si no. A veces nos creemos omnipotentes, algo así como dioses con
capacidad para cambiar lo que no puede ser cambiable, como es el caso de
los procesos por los que nuestra naturaleza física tiene que pasar en
cada etapa de nuestra existencia, y en tal empeño nos embarcamos en una
aventura sin sentido, sin destino, sin retorno y con unas
contra-indicaciones y efectos secundarios, que para nada compensan los
posibles beneficios, (si es que los hay) me explico:
Siempre
que deseamos cambiar algo de nuestro físico, es porque ese algo no nos
gusta como es, deseamos que sea diferente, en principio tenemos algo con
lo que no estamos de acuerdo, algo que no aceptamos ni amamos, algo que
siempre que lo vemos estamos vibrando en desarmonía, en descontento,
algo que vemos a diario y que no queremos volver a ver, ni queremos que
forme parte de nosotros, pero ese “algo” es parte de nosotros tanto si nos gusta como si no, por el
hecho de que no lo aceptemos ni amemos no quiere decir que desaparezca y
pase a ser como a nosotros nos gusta que sea.
Y
la realidad a la que dan lugar todas estas circunstancias o
situaciones, es a que se produce una división entre el conjunto que
somos como personas, lo que es aceptable y lo que no lo es, lo que
amamos y lo que detestamos, y por consiguiente parte de nuestras propias
energías entran en confrontación, porque la parte de nosotros que no
aceptamos, sigue formando parte del conjunto, sigue conectada al
sistema, y emplea parte de nuestra energía para defenderse e intentar
protegerse de nosotros mismos.
Y
otra parte de nuestra energía lucha por indicación de nuestra voluntad
al servicio del error o ego, por verse libre de esa otra parte que no
aceptamos, en definitiva, gastamos grandes cantidades de energías en el
empeño de conseguir lo que es imposible, y lo que conseguimos es que ese
gasto de energías que necesitamos para hacer frente a las necesidades y mantenimiento
de nuestro físico, ahora ya no las tenemos porque las hemos gastado
inútilmente y ello significa que se acelera el proceso de envejecimiento
por falta de energía vital. (Continúa en la 3ª parte, saludos.
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