Hay
gente que opina que revisar el pasado es una pérdida de tiempo y que lo
importante es concentrarse en el presente. Muchas veces este
razonamiento nace del miedo al dolor que produce recordar ese pasado.
Esta
huida hacia delante lo que produce es precisamente el efecto contrario
de lo que se pretende lograr, ser feliz hoy, en este momento.
Una
metáfora que podría ilustrar este mecanismo sería como si un alérgico
al polvo va metiendo debajo de la alfombra toda la suciedad para no
verla y piensa que así no le afecta.
Qué duda cabe que el pasado ya no existe, pero para bien o para mal lo que eres actualmente se lo debes a tu pasado.
Todas
las decisiones que has tomado, cada camino que has dejado atrás y cada
experiencia que has vivido te han convertido en la persona que eres hoy.
Algunas
situaciones han propiciado aprendizajes valiosos, pero es probable que
otros hechos te hayan lastimado y continúen determinando tu
comportamiento, aunque no seas plenamente consciente de ello, ya que tu
cerebro guarda tu experiencia emocional.
En
otras ocasiones el problema no radica en las experiencias traumáticas
sino en las creencias que adquiriste durante la infancia y que no te
permiten avanzar.
Por
eso es tan importante que mires atrás, revises tu pasado y te liberes
del peso que representan tanto los problemas no resueltos como las
creencias limitantes.
De esta forma podrás concentrarte en vivir el presente, una vez que hayas liberado tu cerebro de la carga del pasado.
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