Tú
eres la única persona que ha de darte el permiso de ser quien eres. Si
lo sigues esperando de fuera, nunca va a llegar. O al menos no va a
llegar completo. Realmente, el hecho de que tengas que pedir permiso ya
implica que tú no te das permiso, y que una parte de ti sigue anclada a
la infancia, a la inmadurez emocional de quien no sabe quién es y ha de
apoyarse continuamente en los demás para sostenerse y obtener
aprobación.
Cuando
conectes contigo, ya no pedirás permiso. Puede que consultes con otras
personas, que escuches sus opiniones y recomendaciones. Pero el centro
de tu vida serás tú mismo y decidirás según tu criterio. Esto implica
responsabilidad, obviamente. A una persona inmadura no le gusta asumir
esta responsabilidad ni asumir las consecuencias de sus decisiones. Por
eso mira fuera. Y delega. Y echa balones fuera. Los otros le dieron
permiso para esto o lo otro. Estuvieron de acuerdo. Le dijeron “sí”… Con
ese permiso, viene la comodidad de equivocarse y no responsabilizarse,
pues los otros fueron los que la impulsaron. Los que le dieron permiso. Y
los que le dirán “no pasa nada, prueba esto otro, todo está bien”…
Pero
seguirás desconectado de ti. Que tengas que pedir permiso o mirar fuera
a cada instante implica que una parte de ti continúa en la infancia.
Que no quieres crecer. Que todavía no has asumido la responsabilidad de
tu vida. Que no te amas ni te conoces. Esto no es bueno ni malo. Es
simplemente consecuencia de tu programación. Pero tienes que verlo.
“Despertar”. Por eso te lo expongo tan crudamente. Para que sepas que
sigues profundamente dormido, por mucho que creas en ángeles,
extraterrestres, iluminatis o tierras planas. Depende de ti crecer y
asumir tu madurez. Enfrentarte al conflicto que siempre has evitado. Y
mostrarles a los demás la persona que eres en realidad, sin tener que
venderte a cada instante para ser aprobado, impulsado, sostenido o
amado.
Javier López Alhambra
No hay comentarios:
Publicar un comentario