Qué
bella te ves pensativa. Con la mirada perdida. Sin ser consciente de
que alguien te mira… Las cámaras de fotos bien lejos. Tu rostro
tranquilo, con la expresión natural. Sin tratar de ser otra que no eres.
Cuánta belleza hay ahí… A veces algo sonriente. A veces algo triste. A
veces una lágrima asomando en tus párpados sin rímel…
Sin
tratar de impresionar a nadie. En paz. Sin competir o tratar de ser la
mejor, la primera, la “más”… Sin personajes. Sin máscaras. Sin caretas.
Simplemente TÚ. En esencia. Esencia que lo llena todo. Y que enamora.
Que atrae realmente... Tus manos “vacías” y sosegadas, sin teléfonos que
te inquieten o te obliguen. La brisa acariciando tu pelo, que por
momentos se alza y deja al descubierto tu cuello…
Cuánta
belleza hay ahí. Y a veces no te das cuenta. Que no es necesario más.
Que en esa sencillez perfecta también hay sensualidad. Y magia. Y
verdad. Sin tanta preocupación por gustar o no gustar. Con tu alma
desnuda... Respira. Relájate. Puedes hacerlo… Nadie te va a juzgar. Eres
tú la que se juzga, y la que a ratos aparenta de más… Deshaz la mentira
en la que tantas veces quedas sumida. Conecta con tu esencia. Tu
corazón. Tu energía femenina… Esa es la imperfección perfecta. La luz.
El amor. La verdadera vida. No me la niegues ni nos la niegues. Ponla,
sin rubor, a la luz del día. Que abrumada por modas, costumbres y falsas
sinfonías, tu corazón languidece y se nubla tu energía. Reconoce que
eres suficiente, que eres bella y que, sin tanto pretender, mujer, ya
ERES MARAVILLA.
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