El cambio estacional no solo ocurre afuera.
También sucede dentro de ti.
En invierno, el cuerpo necesita más descanso, más pausa y más presencia. A veces, lo que llamamos tristeza o apatía es simplemente un sistema nervioso adaptándose a menos luz, menos estímulo y más introspección.
Desde la terapia somática aprendemos a no pelear con estos estados, sino a escucharlos, regularlos y acompañarlos con amabilidad.
No tienes que rendir igual todo el año.
A veces, lo más sanador es bajar el ritmo y habitarte. 
Si esto resuena contigo, tu cuerpo ya está hablando.
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