Esperar
el cambio del otro es precisamente lo que impide que se produzca un
verdadero cambio en nuestra vida, pues el cambio que deseamos fuera está
en nosotros.
Nadie
tiene que cambiar. Nadie tiene que “despertar”. Nadie tiene que ser así
o asá... Encarnaste en el cuerpo en el que estás para ser el artífice
de tu propio cambio, no para esperar que cambien los demás y piensen,
opinen y actúen exactamente igual que tú. Tu única tarea es inspirar con
tu cambio. No forzar cambios en los demás ni imponer tus pequeñas
verdades. No te ofusques en el otro. No le plantes encima una
responsabilidad que has de asumir tú. Si el otro no cambia, es su
responsabilidad. La tuya es cambiar TÚ. Y si no resonáis, no resonáis. Y
seguís caminos diferentes. Porque NO resonáis, y no pasa nada.
Muchas
personas tratando de cambiar a los demás, seguirán generando guerra y
conflicto. Muchas personas tratando de cambiarse a sí mismas, generarán
sanas relaciones y un verdadero cambio colectivo. 


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