Cada
olor, cada sabor, cada sonido, cada caricia, y cada visión, son únicas
en ese justo momento que lo percibes, porque cada momento, cada instante
es único, es atemporal, al siguiente momento, ya no es todo exactamente
igual al anterior, el tiempo se detiene en ese instante, más allá de lo
que exteriormente esté aconteciendo, pero paradójicamente en
apareriencia, no percibimos tales cambios, porque no somos uno con el
instante, cuando somos el instante, sin mente pensante, el tiempo se
detiene dentro de nosotros, uno experimenta unos segundos de eternidad,
más allá del tiempo, de los afectos, de los deseos, del pensamiento, uno
en esos instantes Es, es el centro de su universo. La percepción del
instante, nada tiene que ver con el momento histórico de la humanidad,
con la época y sus costumbres, con la situación social, económica,
política, etc, que esté sucediendo.
La
vida está en constante y permanente cambio, todo está en movimiento, en
vibración, todo tiene su frecuencia y su ritmo, nosotros mismos, con
nuestro pensamiento, nuestras emociones, sensaciones, estados de
consciencia, nuestro cuerpo físico con todas sus cientos y miles de
funciones, reacciones, procesos, nuestro cerebro, con todas las casi
incalculables número de transmisiones de datos, de funciones, de
conexiones que realiza durante cada instante de nuestra vida, sin tan
siquiera darnos cuenta, somos la joya de la corona, la joya de la
Creación.
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