En mi opinión, la vida se
asemeja mucho a lo que es una carrera de relevos, esas carreras en las
que participan y colaboran varias corredores y cada uno de ellos recorre
una distancia determinada, le pasa al siguiente corredor un tubo
llamado testigo, y se queda atrás.
Nosotros, para llegar a donde
estamos ahora, hemos recibido el testigo de las diferentes personas que
hemos sido. Ahora lo llevamos en la mano, en este hoy en que nos
encontramos, pero en cualquier momento lo tendremos que entregar al
próximo que seremos.
Es evidente que no somos el mismo que nació,
ni el que tuvo un mes, o cinco años, o treinta, aunque hayamos
mantenido el mismo nombre y apellidos. Nos parecemos, física y
emocionalmente, al de ayer, pero no al de hace veinte años.
Todos los que hemos sido anteriormente le han ido pasado el Testigo al
siguiente, y con la colaboración y el esfuerzo de cada uno de ellos
hemos llegado a ser el que somos en este momento.
Por lo tanto,
no somos el que inició la carrera, ni el que hizo el tercer tramo o el
penúltimo, pero sin la colaboración de todos ellos no estaríamos aquí.
Cada uno ha hecho lo que ha podido y como ha podido. Ha corrido más
rápido o más lento, con más o menos inseguridad o firmeza, pero cada uno
de ellos se ha ido quedando en el camino y ya no están aquí.
Estamos solamente nosotros, y nosotros somos el de hoy, y no me parece
correcto culpabilizar al de hoy por lo que hicieron los anteriores.
Sí me parece bien que hayamos extraído toda la información posible de
sus experiencias, que hagamos caso de cuanto nos pudieron aportar, y que
agradezcamos sus pasos aunque no siempre estuvieran bien dados.
Ahora pertenecen al pasado. A nuestro pasado, sí, pero –insisto- somos nada más que el que somos hoy. El que está aquí y ahora.
Por eso es por lo que no estoy de acuerdo con juzgar a ninguno de los
que fuimos, ni en reprocharles por lo que hicieron o dejaron de hacer,
pero tampoco estoy de acuerdo en hacerme cargo de sus “errores”
castigándome hoy por ellos.
El que soy hoy, sólo ha de responder por lo que haga hoy. O por lo que no haga hoy.
No estoy de acuerdo con esas personas que desperdician su vida
manteniéndose aferrados a la frustración porque alguno de los corredores
anteriores no lo hizo bien, ya que con esa actitud lo que hacen es
amargarse el presente y la existencia por algo que ya no tiene remedio,
por un hecho histórico inamovible que ya está en el pasado.
El
auto-perdón –cuando se hace conscientemente- es un acto de amor propio,
de amor hacia uno mismo, y es lo mejor que uno puede hacer por sí mismo
para poder salir del estancamiento y seguir adelante, ya que, a pesar de
todo, hay que seguir adelante.
La vida es como una carrera de
relevos. Andar hoy a trompicones va a perjudicar al siguiente yo, al
cual tendremos que entregar el Testigo.
Esto requiere una
revisión sincera y objetiva desde fuera de las emociones y los
sentimientos, y requiere tomar una decisión con respecto a deshacerse de
las ataduras, de las tragedias que se arrastran, de la innecesaria y
onerosa carga del pasado, y requiere darse permiso para vivir sin
culpas, con la vista puesta en el presente y no en el pasado, y con la
buena intención de nuestra parte para hacerlo bien hoy sin dejarnos
amargar por el ayer.
Requiere reflexionar.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
miércoles, 11 de mayo de 2022
LA VIDA ES UNA CARRERA DE RELEVOS (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario