En mi opinión, todos albergamos en algún sitio, más o menos escondido, y
más o menos reconocido y aceptado, algún sentimiento de culpa.
Y
escribo “todos” a pesar de que en numerosas ocasiones he dicho que no
se deben utilizar esas palabras tan absolutas, tan rotundas, tan
dictatoriales que no dejan ni un resquicio para una excepción, como son
“todos”, “nadie”, “siempre”, “jamás”, “nunca”…
Pero sí, todos
tenemos algún sentimiento de culpa, con razón o sin ella, como una
realidad o como una sensación, porque la vida que llevamos vivida ya es
un poco larga y hemos tenido tiempo suficiente como para equivocarnos
más de una vez, como para hacer más de una cosa “mal” o
inconscientemente, como para haber perjudicado a más de una persona…
¿Y qué se puede hacer con ese sentimiento?
Pues darse cuenta de ello, reconocerlo, aceptarlo, no disfrazarlo ni
negarlo ni quitarle importancia si la tuviera, asumirlo, y dejar que
remueva el corazón o los sentimientos. Y mejor si los remueve por última
vez.
Para que así sea, es conveniente que seas consciente de tus
culpas, pero ese es solamente el primer paso. Y es un paso
imprescindible.
El siguiente paso es darte cuenta de que “tus culpas” no son “tus culpas”.
Son de otra persona que habitaba en ti en otro momento de tu vida.
Son de otra que tenía unas circunstancias personales y emocionales distintas de las que tienes ahora.
Y no tenía el conocimiento que tienes ahora, ya que por una parte has
evolucionado y por otra parte conoces el resultado de lo que hiciste o
no hiciste, y por tanto ahora sí sabes lo que tenías que haber hecho o
no tenías que haber hecho.
Pero aquel era otro momento, y tú eras
otra persona aunque tuvieras el mismo nombre y los mismos apellidos que
tienes ahora, aunque te parecieras mucho y compartieras la misma
familia. Eras otra.
Y que hoy critiques o culpabilices a aquella, es injusto.
En mi opinión, no tienes derecho a juzgarte, ni siquiera tú mismo tienes derecho a reprocharte, a reclamarte, a castigarte.
Sí está bien -y es lo positivo de este ejercicio que te propongo- que
tomes nota de lo que has comprobado que es mejor no volver a repetir, o
de lo que debes hacer si se presenta una situación similar, para tenerlo
en cuenta y hacerlo del modo adecuado.
Desde este momento de tu
vida en el que te encuentras ahora, en que eres más comprensivo y estás
abierto a reconocer que no todo lo has hecho “bien” en el pasado, sólo
puedes agradecer a aquella persona que fuiste que te haya traído hasta
hoy, y que con su inexperiencia, o sus miedos, o su imposibilidad de
hacer otra cosa, te haya permitido que hoy seas un poco más sabio porque
has aprendido la lección que todas las cosas que nos suceden en la vida
traen implícita.
No es necesario que celebres “tus culpas”, pero
tampoco que hagas de ellas un drama, y menos aún que sean el motivo
para reincidir continuamente en una mala o fría relación contigo.
Lo que pasó, pasó. Lo que no se hizo, no se hizo.
Así se aprende en la vida ya que no nos preparan para hacerlo bien.
Se aprende a base de prueba y error, a base de actuar con buena
voluntad aunque luego se demuestre que sólo con la voluntad no es
suficiente, o se aprende arriesgándose. Hay momentos en que uno tiene
que tomar una decisión y tiene que tomarla aunque no conozca cuál es la
adecuada o cuál es la mejor.
Y “equivocarse” –o sea, que al final
las cosas no salgan como uno hubiera deseado- es una de las opciones
que lleva implícita cualquier decisión que se tome. Uno puede acertar y
hacerlo bien –y eso deja una sensación satisfactoria- o “equivocarse” –y
eso deja un sentimiento lleno de culpas y reproches-.
Y si tu
caso es el segundo, te conviene no regodearte en ello, no reprochártelo
continuamente, no usarlo contra ti, no ser tan cruel y vengativo como
para estar acusándote por algo que ya pertenece al pasado y a tu montón
de experiencias.
La solución pasa por aceptar –como ya he
escrito- que sucedió lo que sucedió, sin negarlo, sin menospreciarlo ni
exagerarlo, sin estancarse en ello ni usarlo como instrumento de
auto-tortura, sino como parte de la vida, formando parte del aprendizaje
en esta tarea –difícil a veces- que es vivir.
Si padeces un
sentimiento de culpa por algo déjalo ir, abrázate, date permiso para ser
humano y equivocarte, no te exijas la perfección porque no somos
perfectos, no deteriores la relación contigo por nada.
Te queda mucha vida por delante y vas a tener que estar contigo en cada uno de esos millones de segundos.
Borrón y cuenta nueva. Volver a empezar. Desde cero y sin rencores atrasados.
Repito: Abrázate.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
jueves, 5 de mayo de 2022
ME PERDONO MIS CULPAS (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario