domingo, 11 de diciembre de 2022

CUANDO TE ANIMES A COMPATIR TU VERDAD Y TU MUNDO AHÍ FUERA (Por Javier Lopez)

 

Tu mensaje les llegará solamente a determinadas personas (las que estén en resonancia). Algunas lo entenderán a la primera. Otras, al menos, estarán abiertas a él. Habrá otras que ni fu ni fa. Y otras, finalmente, no comprenderán nada y en algunos casos lo tomarán como una ofensa personal, pues ven la vida a través de su verdad absoluta (así fueron programadas). Todas esas son las opciones que te encontrarás cuando te animes a compartir tu verdad y tu mundo ahí fuera. Cuando te animes a mostrarte y a ser tú.
Por eso es tan importante que te “independices” de las opiniones y reacciones de los demás. Que no estés tan pendiente de su acogida ni de su mayor o menor aprobación. Simplemente expón tu mundo, y que cada cual haga y reaccione como considere. Se trata de ellos, no de ti. ¿Te has preguntado por qué necesitas tanta aprobación? Hoy vas a tener una respuesta contundente: PORQUE ERES UN CONTROLADOR. Necesitas gustar, dominar la escena, que te aplaudan. Que estén de acuerdo contigo. Y si no están de acuerdo, te gustaría que lo estuvieran e incluso los juzgarás por lo bajini (“idiotas”, “ignorantes”, “imbéciles”…). Sincérate contigo mismo. Es así.
En realidad quieres cambiarlos y hacerlos de tu “bando”. Que opinen como tú y te den la razón. Ya está. Es así de sencillo. Todos deberían opinar como tú y decirte “cómo molas”… ¿Verdad? Pero en realidad nadie tiene por qué opinar como tú ni elogiarte como si el mundo acabara mañana. Tal vez algunas personas lo hagan. Cierto. Pero otras nunca lo harán. Y es normal. Lo más normal del mundo… Y has de tomar conciencia. ERES UN CONTROLADOR. Un controlador que no se aprueba a sí mismo ni respeta la libertad del otro. Muestras tu opinión para agradar y ganar adeptos a tu causa. Y eso siempre te hará sufrir y decepcionarte. Cuando estés seguro de ti mismo, te dará igual que te aprueben más o menos. Cuando seas realmente libre, les darás la libertad de pensar lo que quieran. Vives en el control, ¿no lo ves? Quieres cambiarlos. Y el problema aquí es que el que no cambia ni se libera eres TÚ. Por eso sigues buscando aprobación, aplausos, palmaditas en la espalda. Tu mensaje no es real. No es puro. No es libre. Y por ello no termina de llegar… Aún no eres tú mismo. Aún dependes del otro. Aún crees que es él (y no tú) el que tiene que cambiar.
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Javier López Alhambra

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