A veces las personas te irán a buscar para pedirte un consejo, llegarán hasta tu hogar y golpearán a tu puerta o te mandarán un mensaje o te llamarán pidiéndote ayuda; te pedirán por favor que les des tu opinión, tu visión de lo que le está pasando y vos, con la mejor intención los vas a escuchar y de seguro luego les dirás lo que piensas al respecto, cosa que está muy bien, ya que cuando alguien nos busca es nuestro menester, siempre que este dentro de nuestras posibilidades, el brindarles ayuda; además, se supone, que cuando uno hace preguntas es porque quiere saber y eso nos habilita a dar nuestra opinión, o no...
Pero he aquí la trampa, dado que existe un pequeño detalle que, no me preguntes por qué, siempre pasamos por alto y es que muchas, muchísimas veces, las personas hacen preguntas para cuyas respuestas aún no están realmente preparados para recibir.
Por ese motivo muchas veces es mejor callar, claro que nosotros no nos damos cuenta, pocas veces nos tomamos el tiempo necesario para analizar a quien tenemos en frente y leer en sus ojos lo que su boca no nos dice, antes de darle una devolución y eso siempre nos complica las cosas, y se complica el doble cuando lo que tenemos para decir no está ni cerca de ser lo que el otro quiere o preferiría escuchar, ahí sí que arde Troya y uno pasa, en fracciones de segundo, de ser el consejero a ser el enemigo.
No, no siempre el que dice que quiere saber, quiere saber en realidad.
Piensa por unos instantes en la de malos ratos y malas interpretaciones, que nos ahorraríamos si aprendiésemos a ver conscientemente a la persona que tenemos en frente, pero eso pocas veces pasa; a veces nos ganan nuestras ganas de ayudar, de llevar luz, de acompañar y, aunque nuestra intención es buena, terminamos por decir cosas que el otro, presa en su propio infierno, se toma a mal, pero la cosa no termina ahí, ya que lo peor no es que el otro piense que somos los malos, lo peor es que nosotros, muchas veces confundidos por la situación, indignados ante los hechos, nos lo solemos tomar muy personal.
Por eso lo mejor antes de dar nuestra opinión, así sea que vengan ellos a golpear a nuestra puerta, es tomar nuestras precauciones y analizar sabiamente a quien tenemos en frente y la situación en la que esa persona está, debemos tomarnos el tiempo necesario, como mencioné anteriormente, para saber leer lo que su boca calla, a fin de no terminar siendo nosotros los malos de la película; los que lo empeoran todo por no darnos cuenta a tiempo de que, quizás, deberíamos haber guardado silencio o cambiado de tema, en lugar de decir nuestra verdad.
A veces uno actúa de manera incorrecta por los motivos correctos y eso aunque al principio nos duele, al final tiene su recompensa, la semilla siempre florece, aunque la tires en la roca, ella siempre va a encontrar una grieta en la cual meterse y cuando ese momento llegue aquel que no te comprendió al principio, al fin podrá ver, y te prometo que se va a acordar de vos.
Valeria.
by:Seres esotéricos.
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