En mi opinión, hay un empeño grande e innecesario en querer “olvidar todo”. Sobre todo lo desagradable.
Es evidente que “lo bueno” nadie quiere olvidarlo, ni siquiera cuando
la no existencia actual de “lo bueno” pueda llevar a añorar su ausencia y
eso pueda ser causa de sufrimiento. Me refiero a los seres queridos que
ya no están o a aquellas cosas gratificantes que ahora no se tienen.
Nadie quiere olvidar las cosas que le han hecho feliz, los mejores
momentos de su vida, aquellos sitios encantadores, la gente importante
de su vida… aunque hay que tener cuidado con esto, debido a que algunas
personas comparan su presente con su pasado y eso lo convierten en
motivo de desesperación. La única realidad es el presente y el pasado ya
sólo forma parte de algo que hubo, que existió, pero que, como todo,
acabó su ciclo y es mejor no aferrarse a lo que no existe. Porque es
imposible. Y contraproducente.
Las cosas dolientes del pasado,
aquellas cosas duras por las que se ha tenido que atravesar, o aquellas
que nos llevan a la frustración o el desencanto, incluso aquellas que no
hicimos y por ello acabamos en una situación indeseada, no conviene
siempre olvidarlas.
Su presencia continuada sólo tiene un
beneficio: recordarnos lo que no queremos que vuelva a suceder. Todo
–sí, todo- tiene una enseñanza que sólo pueden extraer los que están
dispuestos a hacerlo. Los que se niegan, y lo niegan, sólo se quedarán
con la parte negativa sufriente y no disfrutarán de lo que pueden
aprender. Se quedarán con la cáscara y no comerán el fruto.
Las cosas desapacibles del pasado no hay que olvidarlas. Son otras las cosas que hay que hacer con ellas.
ACEPTARLAS
Este es el primer paso. Ocurrió. El hecho en sí, lo que sucedió, es la
realidad histórica y por tanto es innegable. Otra cosa es el adjetivo o
el sentimiento que le añadimos, la carga emocional, el dolor
magnificado, la rabia de no querer aceptarlo… son cosas que se le
incrementan al hecho en sí y que lo cargan, a veces, de un dramatismo
que no les corresponde. Con el paso del tiempo, y la evolución personal,
uno acaba viendo que las cosas no eran tanto como aparentaban en su
momento. Y ya sé que estoy generalizando y generalizar es un disparate.
Algunas personas que apliquen lo escrito a sus casos reales graves
seguirán teniendo razón. No es lo mismo quien tuvo abusos en su infancia
que quien vio algo que no le gustó. Pero la gravedad del hecho no ha de
impedir que se admita, y no refunfuñando desde una rendición desganada
sino como un acto de comprensión, y siendo una aceptación humilde de que
las cosas no suceden siempre del modo que uno desearía.
SUPERARLAS
Vencer sus obstáculos o dificultades. Demostrar que uno es superior a
ellas y está por encima, sobreviviéndolas. Hay que sobreponerse a todo.
Es Ley de Vida. La vida sigue y uno sigue. Estancarse en la propia
compasión, en el victimismo, regodeándose en cuánto sufrió uno para
conseguir de ese modo que los otros le presten atención y sientan
lástima, es vergonzoso y un poco rastrero. Valor y pasos firmes hacia
adelante. No todo es pasado: tenemos el presente y todos los presentes
que están por llegar.
DESDRAMATIZARLAS
No es conveniente
darles una importancia por encima de la que tienen. Aunque parezcan un
drama insuperable o el fin del mundo, no son tanto. Es un yo pequeño, o
un humano con apegos, quien las sobrevalora, quien les da un valor
superior al real. Es mejor quitarles las aristas, descontarles dolor, y
preservarse poniéndose a salvo antes que seguir inmersos en la fatalidad
de lo que pasó y ya es imposible de cambiar.
DESAPEGARSE DE ELLAS
Ser capaces de verlas con objetividad, desde una cierta distancia, sin
implicarse personalmente con ellas –sin tomárselas como algo personal,
aunque lo sean-, sin sentirlas como una agresión hacia el Ser que Es Uno
Mismo –aunque haya sido una agresión real- porque conviene ser
comprensivo y entender que los ataques contra uno son debidos a la
enajenación de la otra persona y uno no tiene que ver con el estado de
la otra persona ni es responsable de sus actos.
APRENDER
Insisto en lo que ya sabemos: toda experiencia aporta una enseñanza. Así
es como aprendemos ya que nunca y a ninguno nos prepararon para
afrontar bien todas las cosas que nos suceden en la vida. A veces son
lecciones muy duras y que salen emocionalmente muy caras, pero es lo que
hay. Siempre hay que buscar y encontrar lo positivo.
NO OLVIDARLAS
Porque nos sirven aunque sean como recordatorio de lo que no se desea
que vuelva a suceder, de lo que no se va a tolerar en la próxima
ocasión, de lo que uno quiere o no quiere, de cuáles son los principios
básicos por los que regirse, de dónde está la dignidad de cada uno.
RESUMIENDO
No hay que olvidarlo todo. Basta con lograr que no sigan haciendo daño.
Superarlas, dejando a un lado lo que nos puede afectar negativamente.
Lo que duele no es exactamente lo que pasó, sino el hecho de no
aceptarlo.
Te dejo con tus reflexiones…
martes, 17 de enero de 2023
NO ES NECESARIO OLVIDAR TODO (Por Emma Fernandez)
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