No te dejes atrapar por superficialidades espirituales.
Cantar
no es más sagrado que escuchar el murmullo del arroyo, pasar entre tus
dedos las cuentas de un rosario no es más sagrado que respirar, vestir
hábitos religiosos no es más espiritual que usar ropa de trabajo.
Mejor encuentra satisfacción en la práctica de la virtud.
Si
das de manera generosa y anónima, iluminarás tu oscuridad interior y tu
virtuosismo se convertirá en santuario que te beneficiará a ti y a los
demás.
En el terreno de los pensamientos y de las ideologías nada es absoluto.
No busques afuera lo que abunda en el interior de su corazón.
La suprema verdad no puede expresarse con palabras.
Las enseñanzas del Maestro no son la medicina; son sólo la receta.
El mentor no te lleva a tu destino, sólo te da el mapa que te servirá de guía para que lo encuentres.
De
la misma manera que todo está bien en las riberas cuando el río fluye
claro y limpio por el cause apropiado, así tu vida estará llena de
armonía si ejerces control sobre tu mente.
El
ansia de iluminación y de inmortalidad no es diferente al ansia de
riquezas materiales. No creas que porque meditas silenciosamente estás
clarificando tu mente. La claridad de la mente no se alcanza con sólo
huir del mundo.
Cuando
honres a tus padres, ames a tus hijos, ayudes a tus hermanos, seas leal
con tus amigos, cuides a tu pareja con devoción, trabajes con alegría y
asumas tus responsabilidades; cuando practiques la virtud sin exigirla
primero a los demás; cuando, aunque comprendas las verdades supremas,
mantengas una forma ordinaria de proceder, entonces —y sólo entonces—
habrá claridad en tu mente y sabrás que tu forma de meditar es la
correcta.
Tu
naturaleza y la naturaleza entera del Universo son la misma cosa:
indescriptibles, pero eternamente presentes. El ego te hace creer que el
mundo es vasto y las partículas minúsculas; pero la verdad sutil es que
el mundo y la partícula son lo mismo: ni el uno es vasto ni la otra
minúscula.
Cuando
te des cuenta de que lo que haces a otro te lo haces a ti mismo, habrás
entendido la Gran Verdad. Si tu disponibilidad de dar felicidad es
limitada, tu disponibilidad de recibirla también lo será.
Todo
momento es frágil. Por hermosos que hayan sido los momentos del pasado,
no pueden conservarse; por gozosos que sean los momentos del presente,
no pueden guardarse; por deseables que sean los momentos del futuro, no
pueden atraparse.
La mente, en su empeño por detener el río en un lugar, deja pasar por alto la simple verdad del momento.
Atribuido a Lao Tse
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