Su definición es bien interesante porque abarca lo mejor de varios
conceptos en uno solo, por ejemplo, pudiéramos decir que Lealtad es:
franqueza, nobleza, honradez, sinceridad, rectitud, honor, gratitud y
cumplimiento. Y aunque algunas pudieran parecer sinónimos, la verdad es
que su significado es la unión de todas ellas a la vez.
En las relaciones interpersonales la Lealtad es un elemento que no goza
de mucho protagonismo, aunque todos, inconscientemente, reclamemos y
exijamos que exista siempre en medio nuestro. Por alguna extraña razón
para estos tiempos esta virtud se ha ido extinguiendo y quizás tiene que
ver un poco con la falta de compromiso, tema que compartimos en la
edición anterior, pero además porque se ha colado una muy mal formada
practica “moderna”, de querer quedar bien con todo el mundo, y aunque
eso suena muy espiritual, no es correcto en todos los casos.
Hay una tendencia a querer estar en todas partes, mostrarse amigo de todos, aún no estando de acuerdo con ellos en pensamientos y acciones. Aceptar todo tipo de invitación sabiendo que hay lugares que no nos convienen. Permitir conversaciones que sabemos no agradan a Dios y participar en eventos que nos alejan de nuestros principios y valores.
Hay seres que nacieron con el destino de ser “desleales” como es el caso de Judas, no hay porque sorprenderse, deben existir y además no hay nada que podamos hacer con ellos. Pero hay otros que sencillamente por falta de carácter o por falta de identidad y madurez en Dios, inconscientemente están teniendo una actitud desleal frente a sus familias, amigos y lo peor de todo, frente al mismo Dios.
Un día los ves con gente que comparten su misma fe o ideología, pero otros días están con otra gente criticando, denigrando y burlándose de lo que ayer estaban apoyando. Nunca se sabe en realidad qué bandera representan, pues a veces esa falta de claridad en ellos, los hace lucir como traidores.
Por conducta general somos llamados a ser personas balanceadas, pero hay momentos en nuestra vida que debemos ser exagerados y claros en nuestras posturas y no titubear, porque de no hacerlo, atentaríamos con la solidez de nuestro carácter y pudiéramos comprometer nuestro testimonio.
El ser humano Leal es recto, digno e incorruptible. No defiende posiciones, ni ocupa cargos por intereses personales; su compromiso es con la visión. Es honesto, fiel y realmente comprometido. Es franco y claro en sus apreciaciones y vive plenamente en sus convicciones. Y si es atacado en sus principios, dice lo que piensa, sin importarle si es incomprendido o si es tomado por irrespetuoso. No cede al chantaje de parecer un enemigo cuando tiene que definir su postura.
Revisando la Biblia encuen-tro que este tema para Dios es de alta estima, El mismo afirma en (Lucas 11:23 – NTV) “El que no está conmigo a mí se opone, y el que no trabaja conmigo, en realidad, trabaja en mi contra”. Es decir con Dios no existen términos medios, no se puede estar en áreas grises con El. Y como respuesta a este principio, del lado nuestro deberíamos ser muy precisos en nuestra Lealtad para con Dios y muy precisos en nuestra Lealtad para con el prójimo.
También encontré que muchos son los pactos que Él ha hecho con el hombre y a costos altísimos, como en el caso del sacrificio de Su propio hijo por salvar a la humanidad.
Noto además que en las escrituras hay mucha precisión y seriedad de parte de Dios cuando la Lealtad es del hombre hacia El. En el 100% de los casos bíblicos la recompensa fue sobrenatural y fueron situaciones en donde no se envió a ningún mensajero, ni a ningún ángel, El mismo Dios personalmente atendió cada caso.Me estoy refiriendo a personajes como Daniel y sus 3 amigos judíos (Sadrac, Mesac y Abed Nego) quienes fueron librados de la furia de los leones y del horno de fuego, respectivamente, cuando rehusaron a adorar a un ídolo del rey de la época, mostrando una Lealtad profunda y muy arriesgada por Dios. En ambos casos salieron intactos de sus “sentencias de muerte” con un respaldo sobre natural que impacto a todos los que lo presenciaron.
O historias trágicas como la de un hombre prospero llamado Job, quien en el mismo momento de ver completa su desgracia al perderlo todo, exclamó: “El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!”. Expresión que aseguró su recompensa al final del proceso, ya que esta declaración de Fe le fue contada en el cielo como “Lealtad Extrema” y recupero todo de manera duplicada.
Estas historias, como otras tantas que registran los textos bíblicos, parecen sencillas al leerlas pero lo que estos “héroes” tuvieron que experimentar al mantenerse firmes en Dios, naturalmente no fue nada fácil. Y lo que realmente cuenta al final, es entender que no importa la circunstancia por imposible que parezca; creer, confiar, obedecer y esperar en Dios es una expresión muy poderosa de nuestra Lealtad a El, que produce una respuesta sobrenatural. Como lo hizo en la antigüedad, lo hará con nosotros. Dios es el mismo ayer, hoy y por la eternidad.
No temas arriesgar algo aparentemente de mucho valor por ser Leal, mejor arriésgate a que la Lealtad brille en ti y descubrirás su incalculable valor.
Hay una tendencia a querer estar en todas partes, mostrarse amigo de todos, aún no estando de acuerdo con ellos en pensamientos y acciones. Aceptar todo tipo de invitación sabiendo que hay lugares que no nos convienen. Permitir conversaciones que sabemos no agradan a Dios y participar en eventos que nos alejan de nuestros principios y valores.
Hay seres que nacieron con el destino de ser “desleales” como es el caso de Judas, no hay porque sorprenderse, deben existir y además no hay nada que podamos hacer con ellos. Pero hay otros que sencillamente por falta de carácter o por falta de identidad y madurez en Dios, inconscientemente están teniendo una actitud desleal frente a sus familias, amigos y lo peor de todo, frente al mismo Dios.
Un día los ves con gente que comparten su misma fe o ideología, pero otros días están con otra gente criticando, denigrando y burlándose de lo que ayer estaban apoyando. Nunca se sabe en realidad qué bandera representan, pues a veces esa falta de claridad en ellos, los hace lucir como traidores.
Por conducta general somos llamados a ser personas balanceadas, pero hay momentos en nuestra vida que debemos ser exagerados y claros en nuestras posturas y no titubear, porque de no hacerlo, atentaríamos con la solidez de nuestro carácter y pudiéramos comprometer nuestro testimonio.
El ser humano Leal es recto, digno e incorruptible. No defiende posiciones, ni ocupa cargos por intereses personales; su compromiso es con la visión. Es honesto, fiel y realmente comprometido. Es franco y claro en sus apreciaciones y vive plenamente en sus convicciones. Y si es atacado en sus principios, dice lo que piensa, sin importarle si es incomprendido o si es tomado por irrespetuoso. No cede al chantaje de parecer un enemigo cuando tiene que definir su postura.
Revisando la Biblia encuen-tro que este tema para Dios es de alta estima, El mismo afirma en (Lucas 11:23 – NTV) “El que no está conmigo a mí se opone, y el que no trabaja conmigo, en realidad, trabaja en mi contra”. Es decir con Dios no existen términos medios, no se puede estar en áreas grises con El. Y como respuesta a este principio, del lado nuestro deberíamos ser muy precisos en nuestra Lealtad para con Dios y muy precisos en nuestra Lealtad para con el prójimo.
También encontré que muchos son los pactos que Él ha hecho con el hombre y a costos altísimos, como en el caso del sacrificio de Su propio hijo por salvar a la humanidad.
Noto además que en las escrituras hay mucha precisión y seriedad de parte de Dios cuando la Lealtad es del hombre hacia El. En el 100% de los casos bíblicos la recompensa fue sobrenatural y fueron situaciones en donde no se envió a ningún mensajero, ni a ningún ángel, El mismo Dios personalmente atendió cada caso.Me estoy refiriendo a personajes como Daniel y sus 3 amigos judíos (Sadrac, Mesac y Abed Nego) quienes fueron librados de la furia de los leones y del horno de fuego, respectivamente, cuando rehusaron a adorar a un ídolo del rey de la época, mostrando una Lealtad profunda y muy arriesgada por Dios. En ambos casos salieron intactos de sus “sentencias de muerte” con un respaldo sobre natural que impacto a todos los que lo presenciaron.
O historias trágicas como la de un hombre prospero llamado Job, quien en el mismo momento de ver completa su desgracia al perderlo todo, exclamó: “El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!”. Expresión que aseguró su recompensa al final del proceso, ya que esta declaración de Fe le fue contada en el cielo como “Lealtad Extrema” y recupero todo de manera duplicada.
Estas historias, como otras tantas que registran los textos bíblicos, parecen sencillas al leerlas pero lo que estos “héroes” tuvieron que experimentar al mantenerse firmes en Dios, naturalmente no fue nada fácil. Y lo que realmente cuenta al final, es entender que no importa la circunstancia por imposible que parezca; creer, confiar, obedecer y esperar en Dios es una expresión muy poderosa de nuestra Lealtad a El, que produce una respuesta sobrenatural. Como lo hizo en la antigüedad, lo hará con nosotros. Dios es el mismo ayer, hoy y por la eternidad.
No temas arriesgar algo aparentemente de mucho valor por ser Leal, mejor arriésgate a que la Lealtad brille en ti y descubrirás su incalculable valor.
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