Me costó mucho aceptarme.
Entender que mi perfección no debía basarse en estándares impuestos por la Sociedad si no de mi amor personal.
A veces cuesta tanto aceptarnos que en automático nos rechazamos, entonces procuramos relaciones vacías, grises, dolorosas. Empleos que nos desagradan, parejas que nos lastiman, amistades que nos arrastran. Y pensamos que eso merecemos.
Aceptarme fue difícil porque dejé mi alma al descubierto, expuse claramente quien soy sin miedo a que me juzgaran. Aprendí de mis propias debilidades para convertirlas en fortalezas, me entendí y me restauré. Cuando aprendí a aceptarme como soy comenzó el proceso de amor propio y alejé de mi entorno todo lo tóxico pues comprendí que nada de eso merecía.
Al aceptarme, acepté a otros con sus defectos y virtudes, abracé nuestras diferencias. Ese proceso me llevó a liberarme de las expectativas hacia los demás, hacia mi persona y simplemente vivir la vida en armonía y felicidad.
Acéptate, respétate y por encima de todo ámate. La aceptación implica vivir sin máscaras, abandonar las barreras defensivas y aceptar nuestra existencia desde la imperfección”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario