La traducción de esta maravillosa frase de Jesús es: "No entregues tus maravillas a quien no puede recibirlas".
La calidad del amor que recibes es la misma calidad de amor con la cual te tratas. Al menos que comiences a amarte para dignificar tu persona, puedes quedarte estancado en relaciones mediocres o conflictivas durante mucho tiempo, desaprovechando tu valiosa vida y tu oportunidad de ser feliz hoy.
Como necesitas al otro para llenar tu propio vacío interior, haces lo imposible para que no se aparte de tu lado, para que no te abandone y asi no tener que enfrentarte a la insoportable sensación de soledad y al verdadero dolor que mantienes en estado latente. Prefieres quedarte en la zona de confort mendigando amor, que tomar coraje y vencer el miedo al futuro, para regalarte una vida digna y coherente a tus verdaderos deseos y potencial.
No arrojes perlas a los cerdos. No entregues tu corazón a un desalmado. Porque si lo haces, luego dirás que la vida es injusta contigo. Que das pero no recibes, y asociarás entonces el amor con el sufrimiento, cuando en realidad tú mismo has engendrado esa situación, creando tu realidad de manera inconsciente.
Cuando sostienes relaciones en donde entregas mucho y recibes poco, estás actuando desde la carencia.
Amar desmedidamente a alguien sin ser correspondido es una prueba de lo poco digno que te sientes de recibir verdadero amor. Y esto sucede porque tú no te amas lo suficiente. Si lo hicieras, cortarías inmediatamente todo vínculo con personas que no sean capaces de ver tu belleza y pureza, y por lo tanto te traten de igual manera.
No quieres ver las señales que están frente a tus ojos. Las minimizas. Las justificas. Las niegas. La otra persona es mezquina contigo; no te valora, no te ve, no te admira, pero tú te quedas allí, quizás durante meses o años, simplemente porque estás vibrando en su misma frecuencia y también eres mezquino contigo mismo.
Te conformas con poco. Permites muchas la indiferencia, idealizando al otro y negando su evidente oscuridad. Tu apego te ha cegado y no te permite ver la realidad. Por miedo al futuro (miedo a la soledad, a la carencia económica, a la incertidumbre), te resignas y acostumbras a vivir de una manera muy inferior a lo que realmente te mereces.
Si das demasiado a quien no está preparado para recibir, éste se pondrá en tu contra. Inventará todo tipo de historias, y buscará la manera de culpabilizarte. No te creerá, pues no puede ver la clase de persona que eres. No puede ver la pureza de tu alma. No puede verla pues no se ve a sí mismo. No sabe lo que es el amor. No tiene idea. No lo conoce, por lo tanto, están hablando en dos idiomas diferentes. No esperes jamás que te comprenda o se ponga en tu lugar. Esta persona está muy lejos aún de abrir su corazón y su sensibilidad. Tiene un largo camino por recorrer.
Al entregar tanto, el otro se siente obligado a devolverte lo mismo. Le estás exigiendo que te dé algo que no puede dar. No puede porque no lo tiene. Está presa aún de su historia. Su corazón está aún cerrado debido al odio, el abandono, el engaño, la mezquindad y el desamor recibido en su infancia, que sigue sin ocuparse de sanar.
Relacionate sólo con aquellos que pueden ver tu pureza, tu maravilla, tu bondad, tu luz. Aquellos que te valoren y te admiren, pues esta será la señal de que tú te estarás valorando, respetando y admirando a ti mismo.
Y cuando te ames profundamente, no podrás jamás salir herido. Nadie podrá hacerte daño nuevamente, pues serás tú mejor amigo; tu propio salvador. Serás el amor que buscabas. Habrás encontrado el gran tesoro que la humanidad ha buscado desde los inicios de los tiempos: te habrás encontrado a ti mismo.
-- Fernán Makaroff
No hay comentarios:
Publicar un comentario