¡Anda que! ¡Será por gente! ¿Cuántos somos ya? ¿Siete mil? ¿Siete mil quinientos? Millones, digo.
Y dirás, «Ya, bueno, pero los que están muy lejos no cuentan. Ni los muy viejos. O los muy jóvenes».
Y tienes razón, pero creo que me has entendido.
El caso, que somos muchos. Y de esos muchos, muchísimos, cada uno tiene
su punto de vista, sus gustos y su lista de cosas que admirar.
Pero tú quieres cambiarlo. Que te vea como esperas: especial. Tú quieres
hacer que quien ha forjado unos valores a lo largo de muchos años los
modifique para ti. «¡Cambia, que aquí estoy yo!».
Y pasa lo de siempre: que no lo logras. Que sufres. Y, lo que es peor, que te enganchas.
Porque la lucha engancha. Porque recibir amor con cuenta gotas
engancha. Y lo hace porque piensas: «Si alguna vez me lo dio, es que es
existe». Como si las migajas fueran toda la barra de pan. Como si un
rayo que entra por la cerradura resultara ser el sol.
Y es que lo que no aparece nunca, aleja; pero lo que se muestra poco provoca espera e interés.
Y sigues ahí hasta el infinito. Aguardando algo que, por escaso, te
parece de mayor valor. Como el caviar. O los diamantes. O tú.
Y
te olvidas. Te olvidas de que siempre habrá con quien no tendrías que
esforzarte. Alguien que ya creció en las coordenadas exactas para que,
desde ahí, al mirarte, pueda ver en ti el lado único, hermoso y especial
que otros desde su ubicación no vieron.
En fin, que somos muchos.
jueves, 23 de enero de 2025
AMOR Y PERSPECTIVA (Por Pablo Arribas Martinez)
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