… dicen “sí” cuando quieren decir “no”.
… complacen al otro para recibir elogios y sentir que valen.
… temen expresar su verdadera opinión.
… odian ser juzgadas o recriminadas.
… hacen lo que no desean para contentar.
… se “esfuerzan” por que el otro esté feliz.
… se sienten responsables de la felicidad de los demás.
… se sienten heridas con facilidad, y sienten que hieren.
… suelen involucrarse en relaciones tóxicas (me dejo de lado para ser aceptado).
… suelen ser dependientes y serviles.
… se aferran a lo conocido por temor a lo desconocido.
… nunca están enfadadas públicamente.
… necesitan atención, sentir que existen a través del otro, saber que todo está “bien”.
… se piensan mil veces lo que van a decir y cómo lo van a decir.
… siempre temen que el otro se vaya.
… sonríen a todas horas (pero sin ganas).
… creen prioritario el bienestar de los demás, no el suyo.
… creen que hay algo “malo” en ellas.
… desean ser aceptadas por todo el mundo (no comprenden que es imposible).
… pueden ser las más críticas con los demás (pero en silencio, en su mente).
… temen abandonar relaciones o que estas se terminen (solo conciben el “para siempre”).
… no se aman realmente, y mientras no aprendan a hacerlo, no serán amadas ni respetadas.
Yo
fui una de estas personas. De hecho, cada uno de nosotros llevamos
incrustado ese patrón de necesidad, por lo que podemos resonar con
muchos de los puntos anteriores. La idea es tomar conciencia de ellos
cuanto antes, pues representan un gran obstáculo para que nos realicemos
y llevemos a cabo lo que vinimos a hacer a este planeta.
Comprender
que no estamos aquí para contentar a nadie, o para hacer “feliz” a
nadie, es vital para liberarnos de estas cargas ancestrales y alinearnos
con nosotros mismos, con nuestro verdadero ser. Cuanto más incrustado
tengas ese patrón, más te va a “chirriar” el hecho de no contentar, de
no hacer “feliz” al otro, de no dejarte de lado en tus relaciones, de no
sacrificarte, de no darlo siempre “todo” a cambio de nada… Enhorabuena.
Esta es tu oportunidad para tomar conciencia. Para comprender que estás
aquí para amarte, y para amar a los demás desde ese amor propio (no a
la inversa).
Sin
tanto temor a que alguien se vaya. Sin temor a marcharte si lo crees
conveniente. Sin temor a no agradar. Sin temor a no hacer felices a los
demás (cada uno es el principal responsable de su propia felicidad,
recuérdalo siempre). Sin temor a ser auténtico. Sin temor a ser
rechazado. Sin temor a perder personas. Sin temor a ser quien eres. Sin
temor, en definitiva, a VIVIR tu vida.
.
Javier López Alhambra
No hay comentarios:
Publicar un comentario