Siguiendo
la corriente de pensamiento que determina que lo que ocurre en el
cuerpo de un ser viviente es la expresión de una información de la
imagen correspondiente, cuyo punto de partida es la consciencia, tenemos
que salud es el resultado de la armonía entre un conjunto de funciones
comandadas por el alma o inconciente, que permanecen en armonía entre
sí. Así pues enfermedad es la pérdida o trastorno de esa armonía que se
origina en el alma o espíritu y se manifiesta en el cuerpo físico como
síntoma.
Hablar
de enfermedad en la sociedad en la que vivimos es hablar de algo
cotidiano, aunque no la nombremos directamente. Hablamos del cáncer del
vecino, de la depresión del compañero de trabajo, de la amiga bulímica,
de nuestro primo alcohólico, de la gripe de invierno, de que tengo la
menstruación y me siento malhumorada, del dolor de estómago cuando tomo
el café en ayunas por la mañana, de la necesidad de vacaciones porque no
puedo con el estrés, de la ansiedad que me provocan los exámenes, del
dolor de cabeza cuando hablo con mi suegra….
Hablamos constantemente de la enfermedad pero, ¿sabemos qué es la enfermedad?
¿Conocemos su lenguaje, su significado?
¿Por qué enfermamos? ¿Somos enfermos o estamos enfermos?
Buscando definiciones sobre la palabra enfermedad, hemos encontrado, entre otras:
·La
Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Constitución de 1946,
define a la salud como el estado de completo bienestar físico, mental y
social, lo que implica que todas las necesidades fundamentales de las
personas estén cubiertas: afectivas, sanitarias, nutricionales, sociales
y culturales. Esta definición es utópica, pues se estima que sólo entre
el 10 y el 25 % de la población mundial se encuentra completamente
sana.
·Cada
persona tiene una forma de enfermar diferente a otra a pesar de padecer
la misma enfermedad. Esto es debido a que cada ser humano es único y
que el componente emocional y socio-ambiental se añade al componente
físico, por lo que se dice que no existen las enfermedades sino los
enfermos.
·Se aplica también el término enfermedad para hacer referencia a la alteración en el ámbito moral o espiritual.
·El
Dr. y Epidemiólogo Milton Terris plantea que la salud no es un
absoluto, sino que es un proceso continuo que puede ir desde la muerte,
que sería el máximo de enfermedad, hasta el óptimo de salud.
Haciendo
un recorrido, más o menos contemporáneo, por la ciencia médica, podemos
ver que a comienzos de los años 60 se aceptó que la propia estima es
esencial para la salud de los hombres y mujeres y se redefinió el
concepto de salud, incorporando la salud psíquica y espiritual.
Posteriormente,
los años setenta fueron la década de la psicoterapia y desarrollo
personal, liberando al ego puritano y descubriendo el prefijo “auto”
(autoconciencia, autocuración,…) para descubrir que podíamos caminar
solos sin el peso de las tradiciones puritanas y tribales.
Cuando
se llega a extremos, (riquezas rápidas, transmisión de información muy
veloz, dietas de adelgazamiento en muy poco tiempo…)
El
objetivo de tomar consciencia se desvirtúa, cuando creeemos que si se
pagaba el suficiente dinero, todo se puede conseguir en breve.
El
derecho de tenerlo todo se ultrapasa hasta llegar a la saturación, y
entrando en los años 90, se constató que el viaje hacia el exterior no
había dado el resultado deseado y se empezó la búsqueda de la evolución
personal e íntima.
Estas
fases de evolución hacia un nuevo concepto de salud en el nuevo
milenio, se evidencia cuando leemos afirmaciones provenientes del mundo
analítico que
dicen
que los síntomas de la enfermedad se revelan al enfermo como
manifestaciones físicas de conflictos psíquico/espirituales. Esta visión
nos abre las expectativas de recuperar la sabiduría de las antiguas
tradiciones y fusionarlas con las nuevas tecnologías y descubrimientos.
De
poco sirve la carrera contra el tiempo y contra el envejecimiento con
cirugías estéticas que nos embalsaman, trabajo sin descanso para poseer
más y más, familias desestructuradas por el deseo desenfrenado de
alimentar el ego, etc.
La
realidad nos evidencia cada día que la vida requiere un cambio, que los
antiguos patrones están obsoletos, y que la omnipotente ciencia no
basta para sanarnos.
El
ser humano busca respuestas más allá del cuerpo y las encuentra y
descubre que puede dejar de ser víctima inocente de “errores” de la
naturaleza y pasar a ser miembro activo de su propia recuperación.
Presentamos
este trabajo con la intención de corroborar la visión espiritista y la
de otras corrientes científicas que estudian la enfermedad como un
proceso biológico ligado a la evolución anímica y espiritual del ser
humano, evidenciando que la enfermedad no es algo por lo que debamos
luchar en contra, sino una manifestación de desarreglos anímicos y
espirituales que reclaman nuestra atención.
Teresa Vázquez.
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