En mi opinión, muchas personas se sienten condicionadas y agredidas por
un sentimiento inculcado de tener que sentir culpa ante las cosas que
no salen según su deseo.
Todo lo que no está bien o no sale de
acuerdo con lo esperado, es por culpa de uno. Así, de trágico y de
equivocado, es como lo piensan muchas personas.
Antes de seguir
leyendo, será bueno que saques a la luz lo que tú sientes sobre la
culpa, y lo que sientes en los momentos en los que te consideras
culpable de algo.
¿Qué te aporta?
¿Y en eso que te aporta hay algo que sea útil o positivo?
¿Por qué tienes ese sentimiento de culpabilidad?,
¿De dónde te viene?,
¿Para qué sirve sentirse culpable?
Es interesante que hagas este ejercicio, porque puede ser que la idea
que tengas de qué pasa contigo cuando te sientes de ese modo sea muy
difusa, nada clara, que te obnubiles de tal modo y te sientas tan
malvado que no seas capaz de ver más allá; que no sepas qué pasa en
realidad porque nunca has llegado hasta el fondo ni el origen del
sentimiento; que te hayas quedado en la rabia del instante y creas que
con ese sentirte mal contigo y reprocharte más y más ya es suficiente y,
lo que es peor, es justo y necesario.
Es evidente que estancarse
en la auto-compasión, o el auto-castigo, no aporta nada que sea
positivo. Conviene por tanto aceptar las consecuencias de los “errores”,
pero seguir adelante.
Conviene, también y sobre todo, revisar la
Autoestima. Esto es primordial. Las personas que tienen una Autoestima
baja tienen más tendencia a sentirse culpables por todo, porque no
confían en sí mismas y en seguida piensan que tienen la culpa de lo malo
o desagradable que les suceda en su vida o les suceda a las personas
con las que se relacionan.
Conviene, además, volver al pasado,
sobre todo a aquellas partes que no se conocen –y esto se puede
averiguar preguntando a alguien del entorno que sí lo conozca o
metiéndose en una terapia- y volver a aquello que no se recuerda del
pasado y analizarlo profundamente –uno mismo si se siente capacitado, o
de la mano de un buen y fiable profesional-, y revisar las
circunstancias personales y familiares, tanto psicológicas como del
ambiente donde uno se crió, porque en ellas se puede encontrar la razón
que impulsa a actuar con ese sentimiento de culpabilidad siempre
alertado.
El tener incrustado un sentimiento de culpa y padecer
no va a cambiar lo sucedido, ni va a hacer que uno se convierta en una
persona mejor, ni va a aportar la iluminación, ni tampoco una capacidad
extraordinaria para actuar a partir de ahora de un modo impecable.
Más bien al contrario, ese sentimiento le lleva a uno a lo más
desesperante y lo más desagradable, al fondo más tenebroso y al presente
más infeliz teñido por la desesperanza.
La culpa, y conviene
comprender esto muy bien, es una elección personal. Uno puede reconocer
que ha hecho algo que no es de su agrado, pero no es necesario que eso
lleve implícito una enemistad consigo mismo.
Es auto-anuladora.
Es una reacción que es prescindible, y que con una conversación sincera y
cariñosa consigo mismo, en un grandioso acto de amor, se le puede
despojar de su ponzoña.
Uno reconoce frente a sí mismo su
incorrección, pero eso sólo ha de servir como comprensión de que se
puede mejorar y de que existe una voluntad de mejoramiento, pero no es
necesario un auto-ensañamiento agresivo y doloroso.
Somos humanos, estamos en un Camino de Perfeccionamiento, y las cosas se aprenden mejor con amor que con castigos.
Te dejo con tus reflexiones…
lunes, 17 de febrero de 2025
LA CULPA (Por Emma Fernandez)
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