sábado, 26 de abril de 2025

LA MUJER Y LA LEONA (Por Susana Rangel)

 

Una mujer caminaba por la sabana, llena de dudas, cuando de pronto… una leona se cruzó en su camino.
Pero en lugar de atacarla, la leona se acercó con calma.
—¿Estás bien, madre humana? —preguntó con voz firme pero suave.
La mujer, sorprendida, dio un paso atrás.
—Estoy embarazada… y tengo miedo.
Quiero proteger a mi hijo, que no sufra, que no le falte nada. Pero no sé si eso es lo correcto.
La leona se sentó junto a ella y la miró con ojos sabios.
—Yo también soy madre.
Y aunque la naturaleza es cruel, aprendí algo importante: la sobreprotección debilita.
Cuando mis crías nacen, las cuido con todo mi ser.
Pero apenas crecen un poco, las dejo enfrentar el mundo.
No porque no las ame…
Sino porque las amo demasiado como para condenarlas a la dependencia.
La mujer escuchaba atenta.
—¿Y si fallan? ¿Y si los atacan?
La leona bajó la mirada un instante.
—A veces pasa.
A veces caen.
Pero yo no puedo rugir por ellos.
No puedo cazar por ellos toda la vida.
Solo les muestro el camino.
El zarpazo deben darlo solos.
La mujer susurró:
—¿Y no te duele?
—Cada vez que los veo fallar, mi corazón tiembla —respondió la leona—
Pero me dolería mucho más verlos crecer inútiles, inseguros, incapaces de sobrevivir.
Mis crías deben aprender que nada se consigue esperando.
Deben aprender a luchar.
—Entonces… ¿debo dejar que mi hijo se equivoque?
La leona se levantó y, antes de alejarse, le dijo:
—Permítele rugir.
No le robes la oportunidad de descubrir su fuerza.
Acompáñalo, guíalo… pero no hagas todo por él.
Los hijos no necesitan madres que los resguarden del mundo…
Necesitan madres que los preparen para enfrentarlo.
La mujer acarició su vientre.
Y por primera vez, en lugar de solo protegerlo…
lo soltó un poco.
—Gracias, madre leona.
Moraleja:
Si quieres que tu hijo enfrente la vida con fuerza…
no lo encierres en la jaula del miedo.
Enséñale a rugir.
A caer, levantarse y seguir.
A luchar por sus sueños.
Porque amar no es evitarles el dolor…
es prepararlos para soportarlo.
-Susana Rangel

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