Si te vives comparando… vas a reventar por dentro.
Algunas personas dicen:
“Quisiera tener lo que él tiene.”
“¿Por qué a ella le va mejor que a mí?”
“Yo debería estar más arriba…”
Y lo que no ven…
es que cuando te enfocas más en lo que tienen otros…
empiezas a despreciar lo que tú tienes.
Hay quienes no quieren crecer desde su realidad…
quieren imitar a otros, copiar su vida, su ritmo, su forma.
Y en el intento…
se traicionan a sí mismos.
Como en la fábula de la rana y el buey.
Una rana veía a un buey pasar por el campo.
Grande, fuerte, admirado por todos.
Y sintió envidia.
Quiso verse igual.
Así que comenzó a inflarse.
Tomó aire.
Y más aire.
Y más aire.
—¿Ya me parezco al buey? —preguntaba.
Sus compañeras le decían que no lo intentara más.
Que era peligroso. Que ella no estaba hecha para eso.
Pero la rana insistió.
Siguió inflándose.
Hasta que explotó.
No se rompió por no ser como el buey…
se rompió por querer aparentar lo que no era.
Moraleja:
No te estás frustrando por lo que no tienes…
te estás frustrando por querer lo que no necesitas.
La comparación constante te roba la paz…
y a veces, también te quita la identidad.
Sé tú.
Y crece desde donde estás.
Porque nadie florece copiando las raíces de otro.
– Susana Rangel
No hay comentarios:
Publicar un comentario