Dentro de cien años…
Nadie de los que estamos leyendo esto seguirá aquí.
Ni tú. Ni yo.
Ni nuestros amigos, ni nuestra familia.
Alguien más vivirá en tu casa, dormirá en tu cama, caminará por tu ciudad como si siempre hubiera sido suya…
Y tal vez ni siquiera sepan que alguna vez tú exististe.
Tus fotos, tus logros, tus cosas… todo lo que hoy crees que es “tuyo” terminará en manos de desconocidos.
Tu nombre será una anécdota para unos pocos… y con el tiempo, ni eso.
Entonces, ¿para qué vivir corriendo tras cosas que no nos vamos a llevar?
¿Para qué acumular, competir, compararnos… si lo único que nos vamos a llevar es lo que sembramos en los demás?
A veces nos comportamos como si fuéramos eternos…
Postergamos abrazos.
Guardamos palabras bonitas para “después”.
Dejamos para otro día ese café, esa llamada, esa disculpa.
Pero la verdad es que no hay después.
La vida no espera.
Así que ama sin medida.
Disfruta sin culpa.
Haz el bien aunque nadie lo vea.
Y vive… antes de que solo seas una sombra en el recuerdo de alguien más.
Porque al final, no queda lo que compraste.
Queda cómo hiciste sentir a los demás.
-Susana Rangel
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