Si
somos invidentes, no vemos los objetos, pero sabemos que existen porque
podemos percibirlos con el tacto, el oído, el olfato y el gusto.
Si no tuviéramos los sentidos es obvio que el mundo físico para nosotros no existiría.
Tenemos
dos aspectos claramente definidos, dos ámbitos, el interior y el
exterior. El exterior, podemos percibirlo con nuestros sentidos de
percepción externa, y para percibir el interior, necesitamos otros
sentidos esto es irrefutable.
Surge una pregunta; ¿Qué es más real, lo que vemos con la vista física o lo que sentimos?
Lo
que vemos con la vista física es ilusorio, desaparece, es perecedero,
no es real. Las imágenes de objetos, animales y personas que percibimos
en nuestro interior, son sostenidas por la palabra...
Si
tenemos una fotografía en nuestra mente de una persona cuando tenía 18
años y luego, nos encontramos con esa persona después de 48 años; ahora
tenemos otra fotografía de la persona; ahora tiene 66 años. Todavía
conserva rasgos del joven de 18, pero ya hubo cambios en su aspecto
físico ocasionado por el paso de los años...
Se destruyó la primera imagen, la del hombre joven; ahora tenemos la del hombre mayor desgastado por el tiempo y otros factores.
La primera imagen, no era real, porque cambió, ahora tenemos otra imagen que por supuesto tampoco es la realidad.
Si
nos volvemos a encontrar dentro de 10 años, seguramente, vamos a
encontrar otra fotografía totalmente diferente que tampoco es la
realidad.
Finalmente,
la persona muere y solo quedan en nuestra mente las fotos de la
persona, los recuerdos, los conceptos, las palabras...
El
cuerpo, es una ilusión, desapareció, no era real. Es más real la
palabra, y a su vez la palabra tiene su esencia que es el sonido. La
palabra es sonido, el verbo suena. “Todo pasará, pero mis palabras, no
pasarán”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario